Llevo, como supongo algunos de ustedes, días leyendo en redes sociales comentarios a noticias, a teorías, a hallazgos, toda clase de las reacciones que ciudadanos anónimos unos y otros con nombres y apellidos muestran en esos foros tras el accidente en Adamuz.
Y, aunque lo sabía, hechos así me apuntalan la certeza de que hay un porcentaje no pequeño de la población que no está interesada en absoluto en conocer la verdad, sino que cree no sé si a pies juntillas o por alguna decisión de economía de pensamiento que las cosas han sido como se las ha montado en su cabeza, que detrás de casi todo o de todo está la pésima gestión política, el hurto de fondos para vicios de los políticos y su enriquecimiento y que el país, en concreto, en general y desde hace mucho está prácticamente en ruinas y siendo saqueado en cuestiones básicas para, ya digo, deleite de esa clase política, concretamente la que está ahora en el poder central, pero que según tierras y zonas será también la autonómica, la municipal y saliendo al exterior la europea y la mundial, si es que queda algún poder mundial.
Más imágenes falsas creadas por IA y algunos bulos tras el accidente de los trenes en Adamuz
Imagino que es parte de la forma de ser latina, la de contar con caracteres fuertes y extremos que pendulan de un lugar a otro sin exceso de razonamiento real y sin necesidad de leer, porque, para qué, si total lo que escriben estos o aquellos seguro que también está manipulado y encaminado a engañarnos. Es complejo, por no decir imposible, argumentar con alguien que está convencido de algo. También me pasa a mí, claro.
El asunto es que aquí el convencimiento es que incluso detrás de los accidentes hay manos ocultas y luego tras los mismos hay manos que a ojos vista tratan de ocultar pruebas que impliquen responsabilidades de unos y de otros. El ínclito Eduardo Inda llegó a decir que un trozo de tren encontrado a 250 metros del choque está ahí por “Producciones Moncloa”. Es un país delirante.