Europa: un queso de gruyer, hoyo más o menosGIAN EHRENZELLER
Esopo resumiría lo de esta semana en Davos con la expectativa de lo que trajera bajo el brazo Donald Trump con su célebre imagen fabulada de que la montaña parió un ratón. Ocurre que, lejos de estar tranquilos, en Europa se ha empezado a tomar conciencia de que el proyecto de unión es ahora mismo un queso gruyer y el presidente de Estados Unidos se relame. Hoyo más o menos, el queso continental ha resistido una semana más sus embates. Pero eso no garantiza que haya pasado el vendaval; a los propios del manjar, se suman los agujeros que horadan los gusanos que el modelo populista ha introducido ya en la pieza. Ayer, el presidente polaco, Karol Nawrocki, reprochó a sus socios en la UE que se planten frente al expansionismo que apunta a Groenlandia. Del ideal europeo, algunos solo quieren los fondos, no el derecho.
Otros, como el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, viven su propia montaña rusa emocional desde el rapapolvo en la Casa Blanca hasta la expectativa de un acuerdo de alto el fuego con Vladímir Putin y reclaman a esa Europa un poco más de acción y menos palabras, a la vista de que el aspirante a Nobel de la Paz americano ha perdido mucho interés en él.
La gota que colma
Huelgas hasta aburrirnos
Conflicto médico. Vienen huelgas -una semana al mes- de médicos del sector público hasta aburrirnos. Derecho inalienable, el paro es mecanismo de reclamación sectorial con independencia del colectivo. El de médicos no es diferente. Resumiendo -mucho- el conflicto, la discrepancia con el Gobierno del Estado no es tanto por el contenido del Estatuto Marco Sanitario que propone, que también, sino porque su demanda es de mejoras laborales particulares por su condición de médicos, no de empleados públicos, que lo son. Razones de descontento no les faltan, pero la empresa no parece en riesgo de cerrar.
Así que, antes de denostar o ensalzar la mediación de Mark Rutte, por mucho que muestre una actitud de servilismo regurgitante con el lado occidental del Atlántico, habrá que esperar y ver si, realmente, el secretario general de la OTAN ha despejado el ansia de Trump por Groenlandia o vuelve a la carga cuando se le pase el jet lag.
Lo peor es que parece evidente que su prioridad esta semana era la Junta de la Paz, proyecto grandilocuente ideado para Gaza pero que infla en un intento de socavar a la ONU y hacer de él su txoko particular. Le secundan los sospechosos habituales y quizá los que piensen que, sin tardar demasiado, se aburrirá del juguete y para qué quedar mal con el chiquillo. Pero ojo, que hasta la fecha siempre ha vuelto a jugar con sus caprichos.