Ha habido salsilla esta semana en redes sociales -básicamente en X, lo que antes era Twitter- al hilo del cierre de una librería en Madrid. La librería, una de las miles que hay en España, contaba con un nombre así llamativo, llevaba 15 años abierta y en ella, amén de comprar libros, también te podías tomar algo. Los dueños, por lo que anunciaron en redes, criticaban la gentrificación del barrio como causa del cierre e incluso decían “puto capitalismo”. Bien.
No tardaron ni minutos hordas de tuiteros en recordarles que el barrio al que fueron ellos a instalar la librería en un local donde antes había otro comercio no estaba gentrificado –“renovado, desplazando a la población anterior por otra de mayor poder adquisitivo”- y que ellos mismos lo hicieron, amén de toda clase de acusaciones de tipo laboral e incluso hacia su, según esos tuiteros, escasa simpatía de cara al público. Vamos, que les cayó la del pulpo.
Por supuesto, ignoro si este caso concreto es así, no lo es, si los buenos chavales son buena gente o no y todo lo que se vierte en redes, que es difícilmente comprobable y que no es el objeto de este texto. El objeto es la comprobación de que vas a ellas a supuestamente despedirte de tus clientes y darte un pequeño homenaje emocional y te cae la del pulpo, lo que tradicionalmente se conoce como ir a por lana y salir trasquilao.
Reseñas falsas online: un fraude capaz de hundir o salvar un negocio en horas
Las redes, algunas de esas webs, ya están hace años compuestas por algún personal que no se corta un pelo y va a bloque -en este y cientos de casos- y para este y otros muchos negocios es complejísimo manejar el enorme volumen de daño que se puede llegar a recibir. Ahí están las reseñas y críticas -anónimas muchas- que se pueden hacer a bares y restaurantes y que a muchos dueños les tienen a mal traer. Mientras, algunos y algunas siguen con sus negocios sin pisar una red social. Buen debate: ¿ayudan o son un peligro comercial?