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El ‘noi’ de Santa Coloma

El ‘noi’ de Santa ColomaEduardo Parra / EP

No todo lo que hace o dice Gabriel Rufián me agrada. Ensombrecen su hoja de servicios algunos tuits suyos, como los que, en aquellos meses del Procés, animaron esa carrera, a la postre suicida, entre su partido, Esquerra Republicana de Catalunya, y el Junts de Puigdemont, por ver quién era más independentista que el otro. Con esa y alguna otra salvedad por la cual ya habrá hecho penitencia, me gusta el noi de Santa Coloma de Gramenet.

Me gusta su sonrisa de cabroncete y su réplica acerada, su capacidad para resumir un pensamiento complejo en unas pocas palabras, su ingenio para el sarcasmo, para demoler con una simple frase párrafos grandilocuentes de supuestas verdades. Si fuera euskaldun, sería un bertsolari de los de antes, admirado por sus oyentes y temido por sus adversarios de balcones y sidrerías. Como les sucedía a algunos de ellos, a Rufián a veces le pierde ese verbo fácil que exprime mientras otros divagan. Pero mejor es eso que decir demasiado poco sobre casi nada, imagen de marca de tantas gentes dedicadas a la cosa pública en esta somnolienta demarcación foral nuestra.

Ya sé que la política es más que repartir zascas por las redes, pero a mí Rufián me pone donde otros me hacen bostezar. Por ese carácter, y por el partido que representa, no parecía que llegase a las cortes madrileñas a hacer amigos. Diez años después de conseguir su primera acta de diputado, hoy es el día en que muchos y muchas en la izquierda mesetaria suspiran por sus huesos.Mañana se presenta en Madrid y media España contiene la respiración, expectante a ver lo que dice. Yo también le votaría, a él o a un proyecto liderado por él, pero ya sé que hay demasiado en contra para que ni tan siquiera tengamos opción a ello.