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Muy insuficiente

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Sánchez anuncia la desclasificación de los documentos del 23-FEP/Foto: Archivo

El presidente Sánchezanuncia que el Consejo de Ministros aprobará este martes la desclasificación de los documentos sobre el intento de golpe de Estado del 23-F. Es una buena noticia que llega décadas tarde. Y quizá por ello esos documentos puede que no aporten mucho de importancia a lo ya desvelado en este tiempo. Pero algo es algo y por algo se empieza. Lo admite el propio Sánchez al afirmar que “la memoria no puede estar bajo llave”. Si es así es un paso insuficiente limitar la memoria solo al 23-F. Es necesario derogar la actual Ley de Secretos Oficiales, una normativa heredada de la dictadura franquista que pese a ello sigue vigente. Una democracia vigilada. Un quiero y no puedo. O mejor un quiero y tampoco me dejan más.

Es imprescindible democráticamente superar la actual legislación de secretos oficiales, un espacio de opacidad y de impunidad para los crímenes y violaciones de derechos humanos de la dictadura franquista, los crímenes de la Transición y las líneas rojas antidemocráticas superadas por el Estado con la excusa de la lucha contra el terrorismo. Es decir, un amparo oscuro sujeto a ideas tan volubles y volátiles como la vieja y recurrida cuestión de Estado. Conceptos que valen para todo tipo de casos en función del interés del Gobierno de turno por encubrir aquellas fechorías indecorosas e inaceptables desde los valores fundamentales de un sistema democrático y que la impunidad más absoluta siga impidiendo conocer la verdad sobre las tropelías cometidas por los aparatos del Estado. Al poder, a los poderosos no les gusta que sus actuaciones sean sometidas al escrutinio público.

Siempre se revuelven molestos. Ocurre ahora con el caso Eipstein como ha ocurrido gobierno tras gobierno con la legislación de secretos oficiales. Los asesinatos franquistas como Ruano o Grimau, los de Montejurra, Sanfermines 78, los asesinatos de Gasteiz, el de Mikel Zabalza, todo la violencia parapolicial y ultra de la llamada Transición, el terrorismo de Estrado y los GAL, los espionajes políticos, etcétera. De lo contrario, un buen anuncio puede terminar en una nueva tomadura de pelo.