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El secreto a voces

El secreto a vocesEP

Esta semana ha sido la del secreto, la del no secreto, la de revelar los secretos, la de declasificar los secretos, modo solemne de poner los papeles encima de la mesa, cuando hay papeles, si no se los han comido los ratones, han sido pasto de las llamas o los han triturado esas máquinas comedoras. Devoradoras en secreto. Los secretos en papel son los secretos clásicos, que se guardan en cajones, en armarios y en alguna caja fuerte blindada. El asunto es quién tiene la llave. Papeles con secretos ardiendo, qué académico, qué hipnótico. Mucho más seductor que andar a martillazos con discos duros, pendrives o usebeses del demonio, tragones de datos y datos que no paran de crecer, de articular los secretos, de aumentar la panza de las historias.

Las experiencias de estos días nos han recordado muchas cosas, auténticas realidades que sabíamos que no son secreto para nadie. Ha quedado claro que los secretos también tienden a desaparecer, que están hechos de una materia volátil y caprichosa, material que les hace estar un rato en algún sitio y luego viajar al Valhalla o más allá, o caer en la amnesia si se trata de una persona. El partido demócrata estadounidense acaba de denunciar la “desaparición” de decenas de papeles de Epstein relacionados con Trump. Los archivos perdidos están relacionados con la denuncia de una mujer que acusó al presidente de Estados Unidos de agredirla sexualmente en los años ochenta. Los secretos salen y los papeles se fugan con ellos.

Lo bueno y malo de los secretos es que se reciclan, se alimentan, crecen y estiran. Si no están sobre el papel o el ordenador, la imaginación y la elucubración sirven de soporte duro para sostener la teoría, la confirmación y hasta la evidencia, cosa imposible. Los secretos a voces no son otra cosa que esa bonita fiesta de la suposición a la que se le da alas y se cuece a fuego a lento. Un secreto entre dos es sostenible; entre tres es peligrosa multitud; para más es una charla de vecindario.

El gran secreto del 23-F, han dicho, es que no había secreto. Menudo secreto. ¿Seguro?