Mientras se extiende el conflicto en Oriente Próximo, baja la bolsa y suben los carburantes -como anticipo de todo lo demás- no está de más meter el bisturí en el relato de intereses colectivos que justifican habitualmente las barbaridades que se van a cometer. La conclusión evidente se puede anticipar: todo es mentira.

Empezando por el origen del conflicto. A Donald Trump le importa un pepino el derecho de los iraníes a una democracia. Este ataque no es en su interés como no lo fue el de Venezuela. Tampoco la amenaza del programa nuclear iraní tiene la menor solvencia cuando él se cargó el acuerdo logrado por Obama, y menos aún después de la ausencia de las armas de destrucción de masiva con las que se justificó la invasión de su vecino Irak.

La gota que colma


Huelga de digestiones

Personal de comedores. La polémica suscitada en Euskadi por la huelga de personal de comedores no está en el derecho a movilizarse, que es inalienable. Está en la pérdida del oremus que encierra la exigencia de que los menores no se lleven un bocata con el que sustituir la comida que no les van a servir. Los límites de esta huelga teminan donde empieza el derecho a la digestión, y no entender que no es lo mismo contratar un ‘esquirol’ que dejar que la chavalería coma es una estupidez por la que no tienen que pagar las y los trabajadores. Que expliquen la sandez sus autores: ELA y su portavoz, Isa García.

Mientras, el régimen de los ayatolás no defiende la soberanía de los iraníes como lleva décadas sin defender su libertad e igualdad. La represión y el asesinato de tu pueblo no es en su interés. Ni siquiera se trata de vengar la muerte de Alí Jamenéi, al que sustituirá cualquier otro iluminado que se reivindicará investido del mandato de Dios, en beneficio de su propio círculo de intereses. Del mismo modo, la extensión del conflicto a Líbano mediante el ataque de Hezbolá a posiciones israelíes no es en beneficio de los chiíes libaneses sino en interés del ala más fundamentalista de la secta.

Luego está la reacción de Benjamin Netanyahu, que no se pierde una. El Gobierno israelí no actúa en interés de los israelíes porque la suya no es una estrategia de seguridad sino de expansión colonial. Esta guerra tampoco va a asegurar la vida de los hebreos, pero alimenta el fanatismo de las miradas más extremistas. La lista se extiende tanto como lo hagan los combates: los emiratos del Golfo Pérsico, los hutíes del Yemen, las milicias sirias... No hay justificaciones para tirar de gatillo; solo coartadas de un juego de poder e influencia social, económica y política del que viven demasiados.