Dice la cantante Jeanette que en su ventana brilla el sol y que el corazón se le pone triste contemplando la ciudad porque te vas. Imagino que algo así sentirán en estos momentos los acérrimos defensores del programa PAI al ver que otros cuatro centros abandonan el barco, como en su día hizo el colegio de Castejón. En esta ocasión las escuelas Joakin Lizarraga de Sarriguren, Marqués de la Real Defensa de Tafalla, Príncipe de Viana de Olite y Buztintxuri de Pamplona dejarán de ofrecer PAI-D y pasarán a ser modelo D (inmersión en euskera).

Esto no es un batalla contra el inglés. En el modelo D se da inglés y en muchos centros también francés y otras lenguas extranjeras, y con bastante éxito, por cierto, a juzgar por las titulaciones que alcanza el alumnado. Lo que pretenden las familias que han solicitado el cambio es que se respete su derecho de elección y que no se les imponga el PAI. Simplemente piden que se afiancen lo mejor posible y con equidad las dos lenguas propias de la comunidad, las que se usan en el entorno más cercano y en las que van a estudiar principalmente sus hijos, antes de introducir de manera intensiva una tercera o una cuarta lengua instrumental, que son las que les van a venir bien para posibles estudios o trabajos y para viajar, pero que no son las que se usan para ir a comprar el pan, ni en casa, ni en la cuadrilla, ni el entorno laboral normalmente.

El PAI es lo que es: sobre el papel una panacea para que todo el mundo aprenda inglés y no sólo los ricos, pero, en la realidad, un programa introducido por las bravas con prisas y pocos medios, siguiendo el objetivo político de debilitar la matriculación en euskera, tal y como lo confesó abiertamente Yolanda Barcina.