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Pantalla plana

Carlos Marcos

Noches de ludopatía

Acabo de ver a David Bustamante en un anuncio cantando la sintonía de una casa de apuestas con los ojos desorbitados mientras los dibujitos de una tragaperras dan volteretas sobre su jeta. Es la publicidad más fuera de tono (y no tiene nada que ver con la afinación del cantante) que he visto desde hace tiempo de una casa de apuestas y me ha recordado aquella otra de Carlos Sobera que alguien mandó retirar por ser demasiado agresiva. 

No prestamos la atención suficiente a los anuncios de juego en un momento en el que aparecen por todas partes y no siempre los podemos zapear o cancelar a los cinco segundos de que comience un vídeo en internet. Se prohibieron los anuncios de tabaco, se limitaron los de bebidas alcohólicas, pero los casinos online ocupan horas y horas todas las noches en un montón de canales.

La tele es ya desde hace tiempo un anuncio permanente, y muy mal legislado, de casinos y apuestas deportivas en la madrugada. Primero fueron aquellos concursos trileros por teléfono, donde era imposible ganar nada y cuando alguien lo conseguía (por algún chivatazo), le toreaban para no soltar la pasta, y ahora, directamente, nos meten el casino en casa cada noche: juegos, lucecitas de colores y mucho dinero fácil, y si te registras de madrugada, con el raciocinio agotado tras una dura jornada de trabajo, te duplican tu primer depósito

David Bustamante.

No me gustaba esa tele trilera de concursos amañados que arruinó por unos euros la credibilidad de las cadenas, como tampoco me gusta esta tele ludópata que se pasa todas las madrugadas apostando a la ruleta, tragaperras y bingos, fingiendo que se gana dinero fácil a cada rato, y metiendo el gusanillo del póker y las apuestas deportivas para, a la mañana siguiente, meterte los anuncios de los créditos rápidos con intereses disparatados para recuperar lo perdido en cinco minutos, sin preguntas y sin papeleos. Ese peligroso círculo vicioso.

Las mismas cadenas privadas que denuncian en sus programas que los youtubers e influencers de la chavalería no apuestan su dinero real en estos casinos y se llevan una parte de lo que pierden sus seguidores en ellos, no nos cuentan que los presentadores que salen apostando en sus programas tampoco se juegan el suyo y si también van a comisión en esto de sablear a su audiencia. 

Si durante el día la publicidad en televisión está limitada a equis minutos, no se entiende que por la noche se permitan estos programas, que son un anuncio en sí mismo, aunque les pongan la mosca de la cadena para disimular. 

Ante el evidente riesgo para la salud y la economía doméstica que suponen estos espacios, es necesaria una ley que limite su tiempo y obligue a las teles a informar de lo que ganan con ello, como con el precio de las llamadas.