El acceso a la vivienda, los sueldos miserables, el cambio climático, el auge de la ultraderecha, la violencia social, Trump, las guerras y sus consecuencias económicas no deben de ser las principales preocupaciones de los navarros. Al parecer lo que realmente les quita el sueño es la transitoria cuarta y por ello Cristina Ibarrola ha aprovechado ágilmente una proposición de reforma constitucional del Parlamento de Baleares para pedir, de paso, la derogación de esta disposición.
Para muchas y muchos navarros el temor a la transitoria cuarta será parecido al que puedan sentir ante el monstruo de Guatemala, aquel de las barracas de en tiempos. Por explicarlo de manera sencilla diremos que se trata de una disposición que establece un procedimiento bastante poco probable para la incorporación de Navarra al País Vasco. Sería más fácil que se alinearan todos los planetas antes que conseguir las condiciones necesarias para llevar a cabo dicha anexión.
Al parecer incluyeron este texto para paliar, de alguna manera, el efecto que produjo el rechazo ya oficial a la unidad territorial vasca a la que aspiraba una parte de la sociedad tras la muerte de Franco. Es una fórmula que prácticamente nadie ha barajado como una opción real y que incluso los independentistas no ven con buenos ojos porque habla de una “incorporación” de Navarra, como si esta fuese de segunda división.
Lo que está claro es que, aunque sea un petacho bastante vintage, viene bien para airearla cuando no hay argumentos y más aún el mismo día en el que el ejecutivo foral se apunta un golazo con el acuerdo con la empresa china Hithium para instalar aquí una fábrica de baterías. Chica Cristina, ¿es que no te alegras con la noticia?