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A la contra

Jorge Nagore

No puede ser

No puede serEP

El fallecimiento de una mujer adulta, decidido por ella misma tras años de padecimiento físico y mental, también ha servido, cómo no, para convertirse en un partido de fútbol de tigres contra leones o de ovejas contra lobos, como sucede con todo lo que acontece en España. En lugar de asumir que los seres humanos somos seres irrepetibles con derecho a elegir nuestro propio destino en una vida que ya bastante nos marca y nos dirige desde que nacemos, sigue habiendo por el horizonte personas y grupos que se creen capaces de inmiscuirse en ese derecho, además recogido por ley, y trastornar todavía más si cabe la existencia de alguien que ni usted ni yo tenemos derecho alguno a alterar.

Pues aquí estas cosas pasan y lo que debería de ser una muerte escogida como otras tantas, callada y personal, dura durísima imagino pero deseada, se convierte en un sainete, una persecución, un drama televisado y escrito para que como puercos podamos refocilarnos en el fango de la vida de esa chica, de su familia, de sus amigos y, en general, mostrar ningún respeto a la intimidad ajena y a la sagrada cuestión de fondo: es su vida, es su muerte.

Que haya tenido que esperar mucho más de lo normal porque personas de su familia y grupos religiosos se hayan metido de por medio revela que la propia legislación no protege como debería a las personas que conscientemente eligen ser ayudadas a morir y lo hacen con todos los requisitos. No puede ser que terceros actores y actrices interrumpan el proceso más allá de aquellos profesionales cualificados que tienen que tomar las decisiones pertinentes en cada caso solicitado.

No puede ser que se añada dolor al dolor, espera a la espera y drama al drama, no puede ser que las distintas legislaciones no protejan a estas personas por encima de todo ante injerencias externas ajenas a la supremacía total del individuo como ser único, racional y adulto.