La Mancomunidad de la Comarca de Pamplona ha impulsado una campaña necesaria contra el “bolseo”. La pedagogía es importante, sí, pero insuficiente cuando el problema persiste y se hace visible en forma de suciedad, olores y degradación del entorno. No hablamos de una mayoría, sino de una minoría con un impacto muy evidente. Y no se trata tanto de barrios o municipios en concreto, sino de calles y zonas muy concretas donde el problema se dispara.
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En áreas con alquileres temporales, alta rotación de vecinos o abundancia de comercios y bares –como puntos del Casco Antiguo o la Milagrosa– muchas personas utilizan los contenedores sin hábito previo de separación ni sentido de responsabilidad sobre el espacio común. A ello se suman otros factores. Parte de la población mayor puede encontrar dificultades en el uso del sistema de tarjetas y dejar la bolsa fuera como solución rápida. Pero hay calles con estudiantes que apuntan a ser más incívicas que las de ningún abuelo.
Y además actúa el efecto contagio: una bolsa fuera del contenedor genera más, consolidando puntos negros. Es cierto que la policía local ya vigila y puede sancionar estas conductas con multas de hasta 400 euros pero esta vía apenas se utiliza. Sin una aplicación real de las sanciones, el mensaje que cala es el contrario: que incumplir sale gratis. Ante esta realidad, confiar solo en la concienciación es quedarse corto y reforzar los mecanismos de control se vuelve imprescindible. La actual dependencia de las policías locales, además, genera respuestas desiguales. Quizás por ello sea necesario dar un paso más: crear una policía ambiental comarcal que garantice vigilancia, control y sanción. No para sustituir la educación, sino para hacerla efectiva.