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Mesa de Redacción

Ana Ibarra Lazkoz

Policía ambiental

Policía ambientalArchivo

La Mancomunidad de la Comarca de Pamplona ha impulsado una campaña necesaria contra el “bolseo”. La pedagogía es importante, sí, pero insuficiente cuando el problema persiste y se hace visible en forma de suciedad, olores y degradación del entorno. No hablamos de una mayoría, sino de una minoría con un impacto muy evidente. Y no se trata tanto de barrios o municipios en concreto, sino de calles y zonas muy concretas donde el problema se dispara.

En áreas con alquileres temporales, alta rotación de vecinos o abundancia de comercios y bares –como puntos del Casco Antiguo o la Milagrosa– muchas personas utilizan los contenedores sin hábito previo de separación ni sentido de responsabilidad sobre el espacio común. A ello se suman otros factores. Parte de la población mayor puede encontrar dificultades en el uso del sistema de tarjetas y dejar la bolsa fuera como solución rápida. Pero hay calles con estudiantes que apuntan a ser más incívicas que las de ningún abuelo.

Y además actúa el efecto contagio: una bolsa fuera del contenedor genera más, consolidando puntos negros. Es cierto que la policía local ya vigila y puede sancionar estas conductas con multas de hasta 400 euros pero esta vía apenas se utiliza. Sin una aplicación real de las sanciones, el mensaje que cala es el contrario: que incumplir sale gratis. Ante esta realidad, confiar solo en la concienciación es quedarse corto y reforzar los mecanismos de control se vuelve imprescindible. La actual dependencia de las policías locales, además, genera respuestas desiguales. Quizás por ello sea necesario dar un paso más: crear una policía ambiental comarcal que garantice vigilancia, control y sanción. No para sustituir la educación, sino para hacerla efectiva.