La evolución del precio de la vivienda sigue en una escalada cuyo límite no se percibe. Los datos de Tinsa relativos al primer trimestre de este año son claros: en el Estado, el precio mediano de la vivienda se sitúa en 1.987 euros el metro cuadrado, con un incremento del 14,3% interanual. En Navarra se queda ligeramente por debajo (1.932 euros), tras haber crecido un 13,4% en el último año, mientras que en Bizkaia (2.728), Gipuzkoa (2.689) y Álava llega a 2.273 euros. El esfuerzo teórico de compra ronda el 34% de la renta a nivel estatal, pero alcanza el 38,3% en Bizkaia, el 34,3% en Gipuzkoa, el 33,6% en Araba y el 30,4% en la comunidad foral, la que presenta los mejores indicadores en este sentido.
En el debate sobre el papel del poder público es preciso constatar que esta situación no deriva principalmente de una falta de gasto público, que ha crecido en los últimos años con cierta fuerza, si bien tras un periodo de crisis y baja inversión que ha agudizado algunos de los actuales desequilibrios. Pese a que las cifras están lejos de los años más boyantes de la VPO y que la lentitud en el despliegue de los grandes desarrollos no ayuda ensanchar la oferta, Navarra es una de las comunidades que más vivienda pública impulsa por habitante y ha multiplicado el alquiler protegido y la vivienda social. Aun así, desde los mínimos tras la crisis de 2008, la vivienda se ha revalorizado un 65,3%, mucho más que los salarios.
La iniciativa pública frena y redistribuye, pero no dirige el mercado porque, frente al relato de soluciones mágicas, la realidad dice que contener precios solo con parque público exigiría de recursos ingentes con una presión fiscal insostenible.
La demanda tiene un papel. Existen fondos de inversión que condicionan, pero la realidad es que su peso sigue siendo minoritario: el segmento inversor ronda el 10% de los compradores en el Estado, frente al 90% largo de demanda de hogares. En cierto modo, quienes inflan los precios son, sobre todo, familias de clase alta y media-alta que destinan su ahorro a la vivienda en lugar de a productos financieros poco comprensibles o cargados de comisiones. Navarra ha levantado un dique notable, pero solo una combinación sostenida de parque público, alquiler asequible, fiscalidad inteligente y cambio cultural en el ahorro podrá resituar la vivienda como derecho y hogar, antes que activo financiero.