Leí en varios sitios, incluidos a sus protagonistas, que no había sido, la del Parejas, una final bonita. A mi me pareció preciosa, quizá sin la presencia de otras veces de los delanteros en los cuadros alegres, pero a nivel de trabajo de zagueros para castigar al rival o para defenderse me resultó una maravilla.

Y es que si algo me gusta a mi de los partidos de parejas en pelota es precisamente eso: el juego de martillear al contrario atrás cada vez un poco más, un poco más, un poco más, hasta que ya no da más de sí y no llega a frontis o tiene que entrar de aire y falla. Me parece una manera de jugar tan talentosa y meritoria como la que puedan tener los delanteros que cortan jugada o los propios zagueros cuando alternan golpe alto con golpe medio más veloz. Y en eso Albisu estuvo tremebundo, pero tremebundo. Con la derecha, con la izquierda, yendo a por varias pelotas delanteras… Jugó un partido colosal que, con todos los respetos a los otros tres, eclipsó el esforzado trabajo de un Ezkurdia que bastante hizo con lo que hizo siendo como es delantero y de un Altuna que le pudo quitar poca pelota precisamente porque Albisu se salió, con ese golpe medio cuadro o un cuadro más potente que el rival y una seguridad enorme en la gran mayoría de los golpes.

Laso, mientras, le apoyó eficazmente sobre todo en la táctica de castigar a Ezkurdia y, precisamente por eso, por no caer en la tentación de jugársela el todo por el todo adelante, demostró que los partidos no hay por qué ganarlos siempre de la manera en la que uno a priori es más brillante, sino que es bien inteligente amoldarse a la táctica común y seguirla al pie de la letra siempre que se pueda. El Laso del domingo es más maduro que hace unos años y, aunque cometió algún fallo, fueron más por mal golpeo que por intentar jugadas especiales. Una exhibición de saber llevar a buen término una táctica predeterminada.