El Gobierno de Navarra ha aprobado el traslado de las medidas aprobadas en Madrid para paliar lo efectos de la crisis por la guerra en Irán, pero poco más. Es cierto que las rebajas fiscales serán un punto de alivio para ciudadanos y empresas, pero se podía esperar además alguna iniciativa propia de Navarra desde su capacidad de autogobierno fiscal. De hecho, el consejero de Economía y Hacienda, José Luis Arasti, dejó entrever que hay nuevas propuestas en estudio sobre la mesa del Ejecutivo que podrían incorporarse la próxima semana. Se verá.

En todo caso, desde las crisis de 2008 y 2011, cuando se impusieron la austeridad y los recortes de derechos sociales y laborales, tras la pandemia de la covid, la posterior invasión ilegal de Rusia a Ucrania y ahora la guerra también ilegal iniciada por EEUU e Israel contra Irán y sus consecuencias económicas prácticamente la situación de crisis energética, de precios, de la bolsa de la compra, de los combustibles o de las hipotecas y la necesidad de aplicar ayudas públicas que rebajen sus efectos es prácticamente estructural.

La electrificación energética camina mucho más despacio de lo previsto y la dependencia de los combustibles fósiles y de la viabilidad de sus rutas de transporte es aún muy alta. Si a eso le sumamos la necesidad de impulsar medidas eficaces para detener el progresivo deterioro del planeta Tierra y de su biodiversidad por el cambio climático se apunta a que los tiempos que se acercan van a exigir también nuevas respuestas.

Se trata de que la salida humana de la sucesión de crisis no sólo sea un eslogan, sino que suponga realmente la posibilidad de lograr un nuevo modelo económico y social. Quizá seguimos instalados en aquella visión pesimista de que nada va a cambiar en el modelo de desarrollo despilfarrador. Pero este presente incierto y confuso quizá pueda desequilibrar, aunque sea por obligación inevitable, la correlación de fuerzas de la pugna económica y política que mantienen los grandes lobbies de presión y el mercantilismo voraz, de las plutocracias financieras, de los fondos que controlan los mercados y de las corporaciones multinacionales en favor de la defensa de un modelo de desarrollo humano desde los valores del bienestar natural y la justicia social.

Porque los fríos datos estadísticos de cada nueva crisis parecen empeñados en insistir en la necesidad de mantener la batalla ideológica por construir un modelo económico que priorice la cohesión social, la igualdad de oportunidades, el reparto justo de la riqueza, la ética humanista, la libertades democráticas y los derechos humanos. Sin duda, uno de los grandes retos humanos de este siglo XXI. Puede parecer una batalla perdida de antemano hoy, pero quizá no lo esté tanto.