Sonido sinfónico para Eslava y Mozart
Un coro sinfónico, (el de la Federación de Coros de Navarra), bastante equilibrado; una orquesta, (Joven Orquesta Sinfónica de Soria), todavía un poco bisoña; voces solistas bastante interesantes; y un maestro indiscutible, (Echeverría), capaz de sacar un extraordinario rendimiento a formaciones, más o menos, de aluvión, convencieron en sus versiones de la Misa de Difuntos de Eslava, y de la Misa de La Coronación de Mozart.
La Misa de Eslava, con tener el marchamo y esos finales tan característicos del burladés, es mucho más austera en melodías que el famoso Miserere. El coro suena empastado, potente, con fortaleza en voces masculinas, y brillo en las femeninas. En matiz fuerte, se luce (Dies Irae, Sanctus…), y, quitando algún momento efusivo un poco golpeado, resuelve bien las transiciones al matiz más “piano”, por ejemplo el final. La orquesta (quitando alguna mella en las trompas del comienzo, ocurre en los ataques de muchas orquestas), va a solucionar su parte: por ejemplo la cuerda suena muy bien en la introducción al Ofertorio. Los solistas, que cambian las voces masculinas con respecto al año pasado, también resuelven sin problemas.
Coro Sinfónico de la Federación de Coros de Navarra
Joven Orquesta Sinfónica de Soria. Carolina Luquin, soprano. Leticia Vergara, mezzo. Aitor Garitano, tenor. Hodei Yánez, bajo.
Dirección: Jesús Echeverría.
Ciclo de Conciertos Sacros del Ayuntamiento de Pamplona.
Baluarte. 31 marzo de 2026
Pero fue la Misa de la Coronación la que sorprendió favorablemente, en su versión. Echeverría, de nuevo, acierta; primero con el criterio, un Mozart frondoso, acoplado al orgánico, tanto de coro como de orquesta, con el que cuenta; y segundo, imponiendo un tempo muy acertado, tranquilo para que todo salga con claridad. La entrada del Kyrie es rotunda, con un paso del fuerte al piano disciplinado. El “allegro” del Gloria trascurre sin agobio en el tempo, con naturalidad, resultando brillante, lo mismo que el “Hosanna”.
El coro, así mismo, salva el temido fragmento tenido del Sanctus. El cuarteto resultó muy solvente. Para mí fue un descubrimiento el tenor Aitor Garitano, una voz luminosa, que llega bien al auditorio, homogénea en toda la escala, y muy apropiada para este Mozart clásico y exuberante, a la vez. También Hodei Yánez resolvió muy bien su papel, con voz adecuada al estilo. Carolina Luquin sigue imponiendo su timbre penetrante, todavía algo metálico, pero, sin duda, con grandes posibilidades por su volumen vocal, y su seguridad. Bien es cierto que, por ahora, es difícil que un cuarteto empaste con su poderío tímbrico. Letica Vergara, tiene un rol menos espectacular, pero fundamental para ahormar el cuarteto.
La Joven Orquesta de Soria se lució mucho más en Mozart. Presume, su cuerda, de un sonido muy hermoso, bien empastado, por ejemplo en el “Hosanna” y sobre todo en el “Dona Pacem”, resolviendo el comprometido adorno que sustenta el tema del coro. También convenció el comedido brillo del metal (trompeta, trombón), y, por supuesto las maderas. Mucho ánimo para esta orquesta, que, como otras de su estilo, convencen siempre por su entusiasmo y sus ganas de irse superando.