Pelos de punta el domingo viendo las imágenes del homenaje que se hizo en El Sadar a la mayoría de los integrantes de la plantilla de Osasuna que logró el ascenso en la 79-80. No iba todavía al campo entonces –empecé en la 82-83–, pero recuerdo estar en el balcón del Taurino del que era socio mi abuelo mientras llegaba el autobús procedente de Murcia a la plaza del Castillo. Ver a aquellos jugadores, muchos de ellos no vistos después de tantos años, era emocionante, porque, amén de aquel año del ascenso, que viví a través de un transistor de mi otro abuelo mientras estábamos en una serrería de Ecay, fue la columna vertebral del equipo en la primera mitad de la década de los 80.
Así que bienvenida sea la iniciativa, lo que me llevó a pensar que a mi no me importaría que, por no cargar pero por no olvidar, se podría cada año de aquí en adelante hacer lo mismo con varias plantillas: la que logró ir a la UEFA en el 84, la que fue 4ª en Liga en 1991, la que ascendió en el 2000 –los de la final de la Copa del Rey de 2005 ya pasaron previamente a la final de 2023– y, no sé, quizá los que subieron en 2019 –en la plantilla actual quedan varios jugadores–.
No sé, creo que Osasuna, a nivel de protocolo y estas cosas, está teniendo buenos detalles en los últimos años, un aspecto que se había dejado demasiado de lado durante mucho tiempo, y que sería una buena ocasión para coger algo de impulso y poder observar en el verde a gente a la que, si no me falla la memoria, no se le he dado una despedida pese a su importancia en la historia del club. No sé, Castañeda, Bustingorri, Urban, Cruchaga, Josetxo, tantos y tantos. Quizá hubo esos actos, a nivel individual, pero yo ahora mismo no los recuerdo. Y aunque para este evento de la Liga había que elegir a una plantilla sobre otras y se hizo bien, estaría bonito que el club cogiera un poco el relevo con otras. Estuvo precioso.