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Estado global de confusión

Estado global de confusiónEP

Quizá a Navarra no haya llegado aún. O al menos el día a día de esta comunidad parece seguir gozando de una estabilidad muy alejada de los avatares nebulosos por los que navega el mundo. Quizá solo sea una percepción. Y quizá esté bien que dudemos de esta normalidad en medio de un día a día en que lo mismo se anuncia la destrucción en horas de una civilización milenaria entera que se abren procesos de diálogo y negociación, aunque ninguno parece llegar a buen puerto.

Los hechos muestran una crisis y un estado de confusión globales. Cada vez que suenan los tambores de guerra, comienza el baile y el alza de los precio de los combustibles y de la energía, las emisiones de gases de efecto invernadero cuyo origen fundamental está en esos mismos combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) que mueven la economía mundial, la ralentización de la llegada de la electrificación y el bloqueo al tráfico marítimo.

Inevitablemente conllevan consecuencias. Afecta al coste de los alimentos, a la capacidad del transporte por carretera y por mar y las aerolíneas ya anuncian reducciones de viajes y cancelaciones de líneas y aumento de los precios, incluso con el billete ya adquirido con el verano a la vista. El IPC aumenta y el poder adquisitivo, con unos salarios cada vez más estancados, se reduce poco a poco más.

Quizá Navarra, con colchón financiero suficiente y un déficit controlado, debiera tener en cuenta el conjunto de la situación a la hora de abordar las nuevas medidas fiscales que los partidos del actual Gobierno están negociando. El objetivo sería crear un estado positivo de opinión en la sociedad ante las consecuencias de la crisis, una respuesta a los mensajes negativos que abundan en informaciones y discursos políticos e inducen al pesimismo y al desánimo.

Navarra vive en una situación que no se corresponde con esa negatividad y el "todo mal" con que rellenan sus mensajes diarios UPN, PP y Vox. Las palabras siempre contienen una señal, aunque se trate de ocultar en lo más profundo de las letras que las componen, que dicen lo que realmente quieren decir. Quizá el Papa León XIV lo expuso ayer más claramente: “El mundo está siendo devastado por unos pocos tiranos”. Trump se habrá dado por aludido.

El poder siempre tiene la obsesión por el control absoluto de todo aquello que al moverse le puede generar incomodidades. Más prohibiciones y controles y menos libertades civiles y políticas. Más imposición y menos diálogo. Para Navarra, también más centralismo y menos autogobierno. A menos escrúpulos, más oportunidades. Petróleo, gas, energías varias, logística, trigo y maíz, agua, fertilizantes, piensos, minerales, bosques, aceite... La lista de oportunidades irá creciendo.

Siguen muriendo personas en Oriente Medio o Ucrania o en la matanzas de Sudán o el Congo o en otras guerras activas porque el reparto del botín es la prioridad y el petróleo de Oriente Medio es una de las unidades de medida del negocio internacional. Perdemos todos los demás.