Hola personas, de nuevo con vosotros tras un parón involuntario. Ya imaginaréis por qué la semana pasada no salió el hombrecico de negra silueta a pasear por esa Pamplona de nuestras entretelas. Efectivamente, mis males motrices, una vez más, fueron la causa. El miércoles pasado terminaba mi día con un paseo atípico, me pasee, mejor dicho, me pasearon en ambulancia de mi casa al hospital. Una vez allí, me echaron el lazo y ya no me dejaron salir hasta el lunes de esta semana. Los días allí pasados no han sido precisamente un viaje de placer. Un fuerte dolor se instaló en mi pierna izquierda y me ha tenido atenazado todos y cada uno de los minutos que he estado ingresado, y un gotero enchufado a mi vena me ha tenido atado a una cama de la que no me podía mover.

El anterior ERP acabó con un “continuará” para recorrer los diferentes grupos que, juntos, conformamos el tejido social pamplonés, pero, como ha surgido el antedicho, e imprevisto, paseo, vamos a cambiar de idea. Ya sabéis: la actualidad manda. Si queda sitio, veremos ambas cosas.

Mi paso por la casa de la salud ha sido uno más, nada cambia, excepto el compañero de habitación. En esta ocasión dos han sido los que han pasado por la cama 111V. Cuando llegué ya la ocupaba Rufino, un señor mayor al que acompañaban sus dos hijas. Una gente encantadora, naturales de Aranarache, entre Urbasa y Lóquiz, en el valle de las Amescoas, esa zona de Tierra Estella, lindante con Álava y con La Rioja, en la que se esconden un sin fin de pequeñas poblaciones llenas de historia y naturaleza, de casonas y palacios, y que son poco conocidas para el resto de los navarros. Mi padre mantenía una teoría que pocas veces fallaba. Él decía: si te nombran un pueblo de Navarra y te suena poco o nada, di que está en Tierra Estella y acertarás. Y así es, si te hablan de San Martín, de Eulate, de Ecala, de Ulibarri o de Viloria, apuesta por lo que digo y saldrás airoso. Y este verano haceos alguna excursión por allí que, ciertamente, vale la pena.

Bien, mi compañero era un jubilado, pero una de sus hijas, Marta, me dijo que tenía ovejas y una quesería. Y me contó cómo sube el rebaño a la sierra, donde las ovejas se cubren, gestan y paren con la ayuda de la naturaleza, y como el resto del año hace queso a diario con la leche recién ordeñada. La estancia con ellos fue agradable, buena gente. En cuanto me ponga bueno tendré que darme un paseo por aquellas tierras para comprarle a Marta un queso y dedicar un ERP a las Amescoas, que bien se lo merecen.

A este vecino le sustituyó José, otro jubilado del mundo rural, pero de una parte de Navarra bien diferente a la anterior. Este era de Beruete, en el valle de Basaburua, lindante al de Ulzama. Zona netamente euskaldún, valle verde de suaves y onduladas colinas, con gran oferta de sidrerías y buenos txuletones, como la de Inaxio en Aldaz, y de buenos quesos, como los de Etxarri-Larraun.

José llegó acompañado por su encantadora mujer, María Fernanda. El acento de él era inconfundible, esas erres remarcadas, esas eses arrastradas casi chés. Hablaba el euskera más bonito que he oído en mi vida, eufónico, rápido, cantarín, rico, cerrado, distinto del que estamos acostumbrados a oír en la calle o en los medios. Compartía conmigo dolencia, también sus remos estaban afectados. Espero que esto lo lea en su jardín de Beruete, libre ya de la cama hospitalaria. También le haremos una visita y le dedicaré un ERP. De paso a ver si saludo al beruetarra Javier Recondo, compañero mío en el Instituto Ximenez de Rada y, actualmente, ganadero de vacas.

El resto de mis días han sido buenos, dentro de lo que cabe, excepto por dos exceptos. Uno el ruido permanente que hay en los pasillos y habitaciones. Las puertas se pueden acompañar y no dan portazo, parece mentira, pero me han dicho de buena fuente que es cierto, probad, probad. Las voces por debajo del tono medio también serían de agradecer, pero esto es pelea que ya doy por perdida. Y otro “excepto” fue la actuación de un hijo de Hipócrates, que, en una de las visitas rutinarias, al ver que yo me quejaba de que no daban con el analgésico adecuado que me quitase el dolor, tomó la voz cantante para decirme, en un tono chulesco y falto de toda empatía, que las cirugías de espalda tienen un porcentaje de éxito en torno a un 80%, lo que quiere decir que un 20% se queda con el dolor de forma crónica, y que me hiciese a la idea de que ese era mi caso y que me preparase a vivir con dolor. Le faltó decirme: ¿te has enterado mamón? pues deja ya de dar por culo. Cuando ya se había quedado a gusto conmigo, se dirigió al bueno de José y le dijo: ¿ha oído lo que le he dicho a su compañero?, pues para Vd. digo lo mismo. A mí me dejó hundido en la miseria. El día que explicaron en su clase la cosa del tacto, la cosa de ponerse en la piel del otro, ese día este galeno hizo borota, calva, pira, o como queráis llamarlo, y no aprendió ese capítulo tan delicado y tan fundamental cuando tu trabajo se mueve en los resbaladizos y críticos terrenos del dolor ajeno.

Por discreción no diré más que sus iniciales: R.O.

Nada tiene que ver con su tocayo el Cid Campeador, ni con el hombre más rico de España, con quien comparte apellido.

Ya estoy en la calle, pero el dolor y la cojera me siguen acompañando. Bueno, ya pasarán.

Hacía días que no me paseaba por mi querida Pamplona y esta semana, aprovechando el delicioso sol primaveral, he dado un par de paseos cortos que me han mostrado una ciudad tan viva como siempre. Cada vez más llena de turistas y de lugareños ocupando nuestros bonitos y famosos rincones. Catedral, Ayuntamiento, Caballo Blanco, Estafeta, San Nicolás y demás lugares adyacentes.

Los grupos de turistas son inconfundibles porque van todos en carricadanza tras un guía que les cuenta cosas que a veces son ciertas, a veces a medias y a veces son totalmente falsas. Como aquel al que escuché un día decir que al Baile de la Alpargata solo iban los P.T.V. (de Pamplona de Toda la Vida), pero para que se te considerase de tal condición, habías de ser pamplonés de, al menos, cinco generaciones. ¿Cómoooo? Cinco generaciones nos llevan al padre del tatarabuelo, por lo que, si lo que el guía decía fuese cierto, el Baile de la Alpargata estaría vacío.

Como mis esperanzas de poder pasear físicamente esta semana son cercanas a cero, la próxima semana cumpliré con lo anunciado y hablaré de nosotros.

Todos estamos en algún grupo social.

Besos pa tos.

Facebook : Patricio Martínez de Udobro

patriciomdu@gmail.com