Los médicos de la sanidad pública están de nuevo convocados para una huelga que va a durar toda la semana que viene. Son cuatro días de paro, del 27 al 30 de este mes, cuyo final coincide con el inicio del puente del 1 de mayo. Una casualidad, supongo. En la Comunidad Foral es el Sindicato Médico de Navarra, desde 2015 en guerra permanente con los sucesivos responsables de Salud del Gobierno de Navarra, quien lleva el peso de la convocatoria.
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La web de esta organización nos avisa estos días de la movilización que viene. “¡MÉDICOS SOBRECARGADOS PACIENTES PREOCUPADOS!” clama en monolingüe pareado bajo una lacerante imagen de sufridos galenos al límite físico y psíquico. Los pacientes, en efecto, están preocupados. En Navarra, el en general buen funcionamiento de la atención primaria encalla en las especialidades, con listas de espera al alza y cada vez más gente que ve cómo su salud se deteriora sin que acabe de llegar la prometida consulta o intervención.
Más matizables es eso de la sobrecarga, incluso pasando por alto que ésta no es exclusiva del estamento médico sino de todas las categorías profesionales de la sanidad pública. Sobrecarga seguro que sí, pero seguro que no en todos los casos ni en todos lados. La semana pasada se hicieron públicos los resultados de la auditoría realizada por Intervención del Gobierno de Navarra sobre el Servicio de Traumatología de Osasunbidea, el punto de la sanidad foral más afectado por las listas de espera.
Falta de control sobre los horarios y las agendas de los facultativos, déficits en la organización y escasez de recursos profesionales son algunas de sus conclusiones. Y un dato que destaca por lo insultante: no pocos médicos del Servicio no llegan ni de lejos a las cinco horas de consulta establecidas, especialmente los viernes. ¿Una excepción? Espero que sí, pero que sea una excepción corregible. No sólo por el Departamento. También por los propios médicos y el resto de profesionales.