Le llamen como le llamen, siempre MarianoEP
No respondió al morbazo que había provocado la declaración del expresidente del Gobierno y del PP durante la trama Kitchen en el juicio que trata de dilucidar la responsabilidad de la cúpula de interior. Pero sí que dejó claro que, le llamen como le llamen otros, él se llama Mariano Rajoy. Así que no aclaró si le consta que le llamaran el asturiano, como se contempla entre las hipótesis de esta causa, o M. Rajoy, como en aquellos papeles. Él es y siempre será Mariano y el alarde de ironía incombustible no se lo quita otro paso por los tribunales.
Con el aplomo de quien dirigía el partido condenado por beneficiarse de la Gürtel a título lucrativo, sostuvo sin empacho ante el Tribunal que eso de la Kitchen no fue una operación política sino una policial legal. Lo que, implícitamente, supone admitir que la operación existió, que es algo que otros siguen negando. Le siguió su número 2 en el PP María Dolores de Cospedal, que no negó las grabaciones con Villarejo pero insiste en que hablaba con él de otras cosas y siempre a petición del excomisario. No lo recordó así su jefe de gabinete: “alguna vez, la señora Cospedal pedía la cita”. Algún interés ya tendría.
La gota que colma
Una vez hubo una paz
Líbano bajo las bombas. Escribió John Steinbeck una novela sobre sus vivencias en la II Guerra Mundial y la tituló ‘Una vez hubo una guerra’. En nuestros días, el título suena a algo lejano, casi olvidado. En Líbano un corresponsal podría escribir sus vivencias y titularlas ‘Una vez hubo una paz’. Aludiría al ciclo de 1943 a 1975 pero bajo ese epígrafe no podría incorporar apenas unas líneas a modo de pie de página desde hace medio siglo. A dos días de vencer el alto el fuego, y sin que hayan cesado los ataques, hablar de paz sería para morirse de risa si no fuera porque allí no te dan tiempo y te matan antes.
Pleitos tengas y los ganes, dice la maldición, que ya es bastante trago. Los procedimientos judiciales no son plato de gusto. Menos, cuando la ley no es plato de justo de quienes toman decisiones en base a ellas. El juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, ha enviado de vuelta a prisión a la etarra Anboto. Leyendo el auto, uno no sabe si lo ha hecho por el bien de la presa -se deja decir que la semilibertad de lunes a viernes puede crearle “falsas expectativas”- o porque le sobra el artículo del código que amparó su excarcelación -se permite reclamar su modificación-. Pues nada, oiga: se presenta usted a las elecciones, las gana y legisla a su gusto y el de quienes le legitimen. Mientras, callar y aplicar la ley, también a los que se hayan ganado a pulso caernos gordos.