El Sindicato Médico camina hacia una nueva jornada de huelga este miércoles en un calendario de movilizaciones en Navarra y en todo el Estado ante la falta de acuerdo tras dos años de negociaciones con el Ministerio de Sanidad que dirige Mónica García y que apunta a una próxima huelga indefinida. Los problemas de la sanidad pública en el Estado pueden ser coincidentes en aspectos con los de la sanidad foral, pero no en todos los casos los mismos. Los sindicatos, en especial los de ámbito corporativo como médicos y enfermeras, no dejan pasar una Legislatura sin su conflicto y convocatoria de huelgas en Navarra. Ahora es el Sindicato Médico que repite de nuevo la estrategia de acumular presión como lo viene haciendo a cada Gobierno y a cada consejero de Sanidad en los últimos años.

Una confrontación permanente que han sufrido consejeros designados por UPN, por Geroa BaiFernando Domínguez por segunda vez– y PSN. Creo que todos ellos, provenientes además de la función pública como médicos, han demostrado un alto compromiso personal, tanto en su labor profesional como cuando han aceptado asumir el deber de gestionar este servicio público fundamental en Osasunbidea. Creo que Domínguez con el doble mérito añadido de dar el paso por segunda vez hacia un compromiso que nadie, o casi nadie, quiere asumir. Y pese a ello, han sufrido en ocasiones ataques desmedidos desde representantes sindicales. Y también han tenido que soportar posiciones y exigencias de negociación muchas veces inamovibles.

No creo que nadie en la sociedad navarra dude de la responsabilidad e importancia de la labor profesional y el trabajo de los médicos del sistema sanitario público y tampoco de que esa función debe ser correspondida con unas condiciones de trabajo que se correspondan con el nivel y calidad de esas prestaciones. De los médicos y del resto de profesionales que trabajan en Osasunbidea, desde enfermeras a auxiliares, celadores, limpieza, archivo y documentación, almacenamiento...

Ahora, el conflicto se enquista con el boicot de los médicos a las horas extras voluntarias para paliar las listas de espera, tras la realización de auditorías en cada especialidad y la publicación de sus resultados para conocimiento de la ciudadanía navarra. Guste o no, transparencia democrática. Unas listas de espera que tampoco son exclusivas de la sanidad pública, sino que también existen y se extienden igualmente en la sanidad privada, pese a que las derivaciones a este sector crecen cada año y suponen ya un coste de 3,8 millones de euros a las arcas forales. La sanidad tiene problemas, como en el Estado o Europa, pero el interés general está por encima de corporativismos profesionales y pugnas partidistas. Cada parte debe asumir las consecuencias de sus decisiones, pero la obligación sigue siendo buscar un acuerdo sin máximalismos y sin que el bien común y el derecho a la atención sanitaria paguen injustamente. Los ciudadanos lo agradecerán.