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Democracia o autoritarismo

Democracia o autoritarismoE. P.

Las declaraciones estos días en los casos Kitchen y las maniobras políticas y gubernamentales que han ido apareciendo día a día para intentar encubrir la vinculación con la trama de espionaje y con el caso Gürtel y el PP de Rajoy, las andanza de la familia Pujol y el presunto cobro por mascarillas que implica al ex ministro Ábalos, a su asesor Koldo García y al empresario comisionista Aldama son un compendio de la enfermedad de decadencia que padece hoy la política. Un todo vale de unos contra otros para salvar cada uno lo que pueda en el que unas acusaciones sin pruebas y la ocultación o destrucción de otras son una de las primeras conclusiones evidentes. Pero no sólo la corrupción y los personajes que la encabezan es la causa del creciente distanciamiento global en el mundo de la ciudadanía de la clase política. La confusa e ineficaz gestión de la incertidumbre mundial en un presente cambiante por parte de los gobiernos pesa también como una losa sobre su imagen ya deteriorada. La crisis de credibilidad del modelo de participación democrática a través de los partidos se deriva también del profundo malestar existente ante las consecuencias sociales y humanas de una situación económica, política, social y global cada vez más inestable en todo el mundo. Ahora, con la guerra que acaban de inventarse Trump y Netanyahu contra Irán, más la ocupación del Líbano y Palestina, la situación sólo puede empeorar.

El barril de petróleo llegaba ayer a 126 dólares y Ormuz sigue cerrado en un conflicto al que hoy no se le ve salida y ya apunta a una factura a corto y medio plazo de consecuencias imprevisibles en su alcance real, pero seguro que negativas. Como siempre, son los ciudadanos los que pierden en estas juergas impostadas de la voracidad del neoliberalismo capitalista. Al compás de este tiempo de desconcierto y dudas y con el impulso de los algoritmos que difunden bulos y desinformación comienza a instalarse en la percepción social mundial una crisis de los propios valores democráticos, más aún en las nuevas generaciones que asisten con una progresiva distancia y descreimiento hacia al barullo, la amenaza, los bulos, la militarización, el chantaje y la estridencia como principales ejes hoy de los discursos políticos del sistema. El distanciamiento de la política es un déficit democrático que afecta al desarrollo de la propia democracia y cuya vía de solución debe incidir precisamente en factores democráticos como la participación, la ética o la transparencia antes que en la actitud oscurantista y conservadora de ignorar los problemas, ocultarlos o minimizarlos. De algo de esto escribe el catedrático Daniel Innerarity en su último libro El futuro de la democracia, por supuesto muy por encima de lo que puedan decir estas pocas letras juntadas en este pequeño espacio. Para leer, sin duda. A esa devaluación ética de las relaciones humanas le acompaña de la mano el ataque ideológico lanzado contra la democracia. Un discurso reaccionario que niega la democracia y busca sin disimulo su sustitución por modelos elitistas y autoritarios de poder y dinero. Su poder es cada vez mayor en el mundo y democracia y autoritarismo no son compatibles.