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Hablando en bata

Victor Prieto

Coitus prohibitivus

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Detesto las disculpas anticipadas, pero haré una excepción para pieles finas. Las inicuas guerras con que nos obsequian desde hace un tiempo Putin, Trump y Netanyahu y sus siniestras cifras, están sobradamente comentadas en los medios. No voy a banalizar la tragedia, pero creo que ante algo tan inapelable como la muerte (salgo de un luto) sólo podemos reírnos de ella. Perdón, insisto, a quienes opinen que frivolizo, pero el humor aligera tensiones. Además: aquí, si patino, la costalada es mía y solo mía.

Voy, como ya sospecharía alguien, a la escalada de los precios de todo a causa de las subidas del petróleo y sus derivados que, como no podía ser de otra manera, está la cosa que hasta los gorriones van con la VISA a picotear migas. Pero no voy a hablar de la cesta de la compra, que ocupa ya más espacio en los informativos que el mismísimo fútbol, ese negociazo con obreros millonarios que es mi primera parada. Como la uniformidad ayuda a identificarte con tu club, hay que hacerse con ese traje ritual que es la camiseta.

Y si las oficiales ya eran caras, ahora son bastante más caras que hace un año. Me dirán que siempre quedan las imitaciones para los que sueñan más con llegar a fin de mes que con ganar trofeos. Cierto, pero también han subido. Y encima puedes encontrarte con lo que se encontró un hincha del Athletic -sea mil veces bendito, etc.- en la web de su chino habitual buscando la nueva camiseta retro (valga la paradoja): el precio era más asequible, sí, pero había un fallo. Una minucia, tal vez: en lugar del escudo del Athletic de Bilbao se encontraba el del Sevilla.

Un dibujo de una camiseta deportiva.

No parece lo más adecuado, claro, por mucho que haya quien diga que “los sevillanos son los bilbaínos de Andalucía”. Ojo: si alguien quiere organizar un debate sobre ese aserto, estaré encantado de que se olvide de mí para siempre jamás. Gracias.

Aunque no son los aficionados al fútbol los únicos en sufrir por el encarecimiento de su esporádica diversión. Hay otros, millones más, que ven peligrar su esparcimiento en otros terrenos de juego y con otro deporte que también empieza por “F”: Follar. Según el director ejecutivo de Karex (gigante mundial de los condones) los precios de sus productos subirán, como mínimo, entre un 20% y un 30%, dependiendo del mercado del látex.

Como heterosexual ya no practicante no me afecta directamente, pero empatizo con la muchachada que entiende los mandatos biológicos a la primera aunque no distinga una gamba de una tortuga. Y encima tirando de una triste y prosaica calculadora. Podría ser más triste, pero ya no se me ocurre cómo.