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Días y espejos

Días y espejosNASA

Tal y como había ido el día, el pasado jueves 30 de abril parecía que nuestro experimento del día espejo del eclipse iba a quedar ocultado por las nubes. Pero salía de vez en cuando el Sol y parecía prometer una tregua en el campo de fútbol viejo de Lerín, donde nos había convocado el ayuntamiento. Así que allí estuvimos, en el mismo lugar donde estaremos el próximo 12 de agosto, unas decenas de personas mirando con precaución la posición de nuestra estrella y comprobando que ahora la Luna salía por el lado contrario del horizonte, casi llena. En 104 días estará exactamente al otro lado, ocultando la luz del Sol y creando esa fantasmagórica noche del eclipse total.

Casi todas las actividades que estamos organizando para este pueblo pionero en mirar hacia el cielo, en cuidar la noche y en abrazar los discursos de la ciencia como seña de identidad, cuentan con la colaboración y la complicidad de una ciudadanía que ha hecho suya la idea de que el eclipse de 2026 va a ser sorprendente. No en vano es el primero que se verá total en ese pueblo desde 1860 (los que hubo después no fueron totales en Lerín, así que no los cuento).

Presumo que en los otros municipios navarros y en los cientos más en la península que están dentro de esa franja de totalidad donde al final de esa tarde de agosto la Luna bloqueará por completo la luz de la fotosfera solar mostrándonos la tenue luz de su corona, sienten lo mismo: que hay que aprovechar esta oportunidad única como un regalo del cielo. Hemos pasado el día espejo, van alargando los días y luego llegará el solsticio y finalmente tendremos el día del eclipse con esa invasión esperada de gentes de otros sitios con los que seremos un poco mejores durante un tiempo. Eso que solo tienen los eclipses totales.