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A PROPÓSITO

Jesús Barcos

El porvenir democrático

El porvenir democráticoUnai Beroiz

DiceIván Redondoque la nueva comunicación política consiste en generar conversación. De ahí tanta pirotecnia partidista lanzada al aire, como bombardas en la noche de San Juan, con más o menos mecha. Las conversaciones rachean, cambian de dirección y de velocidad, y si soplan fuerte modifican la agenda. Por eso los partidos necesitan anemómetros. Redondo es una máquina conEl Manual de instrucciones, pero la anticipación resulta compleja en estructuras que sufren para atraer mayor talento. La política es soluble, pero le falta cacao y aroma. El donostiarra lo sabe y derrocha experiencia y pasión.

Fumatas

Hablando de olores, el humo de los cigarrillos tuvo en la Transición esa aureola que estúpidamente se asociaba al tabaco. El mechero era un comodín para ligar y los Zippo sumaban puntos políticos. Una foto encendiendo un pitillo al rival resaltaba –y de qué manera– el pacto de caballeros. Hoy todo el mundo sabe que fumar te hace el traje de madera, que la política no es un club masculino y que no se debería ofrecer un cigarro ni al enemigo. Ahora impera lo efímero, como escribió Lipovetsky, y los partidos revolotean como un colibrí, aunque a menudo se comporten como buitres leonados.

Gominolas 

En paralelo, la hiperconexión y el FOMO verbalizado entre la juventud acrecientan un consumismo plusmarquista y descreído. El mundo asociativo es ya un equivalente a la fe sacerdotal. El desarrollo universal suena a palabrita del niño Jesús, a bonhomía cándida y militancia en Babia. Empachados con el goloso infotainment, nos cuesta digerir la complejidad, pero vamos a lingotazos con el miedo, que ataca el hígado. Mal panorama. Enric Juliana y Esteban Hernández hablan de la importancia del ‘espíritu del tiempo’, el zeitgeist que decían los alemanes, que en parte lo deletrea Antoni Gutiérrez-Rubí en La Vanguardia. Un nuevo ecosistema donde la abundancia diluye el conocimiento aparcando nuestro potencial crítico. Una indiferencia donde “el ruido siempre gana”.

Hay nombres que aportan claves de fondo en medio de tanto ruido, desinformación e inmediatez. Seguirles la pista es ineludible

Del pasado al futuro 

La saturación gripa la discusión pública, que se vuelve un galimatías. Es más rápido vencer que convencer y tirar por la calle de en medio. De ahí también el escenario de "guerra cognitiva” del que advierte Redondo. En este panorama sufren la democracia y sus conquistas. Más vale que la hemeroteca, que es un tesoro, ofrece perspectiva. Un detalle: en abril de 1977, cuando todo estaba por estrenar, Carlos Garaikoetxea abogaba en Cambio 16 por la “persecución de una democracia total, política y económica”. Seguramente hemos perdido ambición en ambos frentes, olvidando que sin profundidad el sistema queda mellado, por mucho que votemos cada dos por tres. Si la cuestión les inquieta apunten el nuevo libro de Daniel Innerarity,El futuro de la democracia (Galaxia Gutenberg), que redondea su trayectoria intelectual. Innerarity, que es nuestro Habermas y nuestro Bobbio y que acaba de ingresar en la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, nos plantea dilemas y desafíos estructurales en primera persona del plural.

Pensarnos

“¿Qué cultura geopolítica tiene la juventud hoy día?” se preguntó Josep Borrell en unacto organizado por DIARIO DE NOTICIASel pasado viernes. No demos por bueno que prevalezca el desinterés. No dejemos de pensar en nuestro porvenir democrático, por la cuenta que nos trae. Y en el devenir de Europa, cuando Alemania enfila un rumbo errático y Francia se satisface con escenificar la grandeur. A ver qué pasa en Andalucía.