No me pareció que ninguno de los jugadores de Osasuna que jugaron los cinco partidos en los que no se obtuvo ningún punto, lo que de chiripa no nos llevó a Segunda, escatimaran esfuerzos. En ese sentido, pese al lógico cabreo del sábado por la imagen mostrada –especialmente en la segunda parte–, no seré yo quien les pase por la picadora de carne, en la medida en la que comprendo que su estado de forma no les ha dado para más, la situación les ha podido en muchos casos y, por qué no decirlo también, se han dado una serie de conjunciones astrales negativas para que pases la jornada 31 con 39 puntos y de 21 posibles solo saques 3 y también de milagro con dos goles postreros ante el Sevilla.

¿Que por supuesto hace falta una reflexión, un cambio de entrenador porque Lisci no ha conectado y una remodelación? Pues seguro que sí, de hecho Lisci ya no está. Pero, amén de eso, lo que creo es que el deporte de élite a veces tiene estas cosas y que por mucho que te animen 6.000 tíos el día anterior en la grada eso sirve de poco si luego no estás atinado casi ningún momento o te supera la presión de verte en un día así. ¿Te pagan para eso? Te pagan para eso, pero no te voy a crucificar porque no puedas con ello.

Algunos partidos se han caído por meros detalles –igual que otros han salido cara por lo mismo– y hemos asistido a la Liga más apretada que yo recuerde, con 13 equipos en 9 puntos antes de la última jornada. ¿Exime eso de los errores cometidos? No, ni mucho menos, pero tampoco es de rigor el hooliganismo anti jugadores que se leía tanto sábado como domingo en redes sociales.

Al final, elevamos a la categoría de mitos a chavales de 20 y pocos años y, con sus excepciones y momentos puntuales, seguro que todos cumplen con profesionalidad. Eso es lo básico y lo que nunca debe faltar. Y si no alcanzan futbolísticamente, pues a hacer limpia y muchas gracias.