Me he tomado la agradable molestia de hacer unas cuantas cuentas analizando las puntuaciones finales en Liga y las plazas obtenidas por Osasuna desde el ascenso a Primera de 1980. Son 36 temporadas divididas en varias fases y he ajustado las puntuaciones al sistema que rige desde hace años: 3 puntos por victoria –comenzó en la 95-96– y ligas de 20 equipos –arrancó en la campaña 87-88–. El resumen es que en los 7 primeros años desde el retorno se logró una media de 45,7 puntos por campaña y se obtuvo una posición final situada en el puesto 12,3. Desde aquel año, Osasuna ha jugado en cuatro épocas distintas en Primera –87/88 a 93/94, 2000/01 a 13/14, 16/17 y de 19/20 a 25/26–, completando un total de 29 campañas. Su media de puntos es de 46,4 y su posición, la 12. Esto indica que generalmente ha sido un equipo sólido -los años de los descensos se lograron 34 puntos, 39 y 22, respectivamente- por encima de los 40 puntos y con temporadas concretas por encima de los 50.

En total, han sido 2 temporadas por encima de 60 puntos (1990/91 y 2005/6, en ambas fuimos cuartos), ocho más por encima de 50, 19 entre 40 y 50, 6 por debajo de 40 y 1 por debajo de 30, para, como digo, una media global de 46,2 puntos. ¿Qué nos viene a decir esto? Bueno, imagino que teniendo en cuenta que de esas 36 campañas nos hemos metido en 5 ocasiones en Europa –1 vez de cada 7– y vistos los números globales, el presupuesto anual que se maneja y los límites salariales del equipo y de otras plantillas, lo más lógico es pensar que claramente el objetivo primordial de cada temporada es mantenerse y, una vez logrado eso, si estás de que sí y te responde el estado de forma de la plantilla, pues a degüello a por la plaza europea. Una aventura que, no obstante, todos sabemos que a veces tiene más pros que contras. No se trata de querer ser equipo pequeño, sino de ser primero realista.