Enrique nos ha organizado una buena porra del Mundial. Tenemos elegidos nuestros equipicos, jugadores, goleadores, minutos de algunos y también hay alguna cuestión para nuestras apuestas domésticas que queda en secreto, que todo no se puede contar, y menos las fórmulas del éxito.
En este Mundial hay muchos asuntos en juego, los que se alinean junto a la pelota y definirán al equipo ganador, a los pichichis, a los mejores y varias cosas más. Pero también están las cuestiones relacionadas con la organización. En la recepción –o no– y acogida –rechazo– de los grupos humanos, de los futbolistas, de los protagonistas del evento, las cosas han ido de horror, y lo que queda. Los cacheos impresentables y humillantes a los componentes de las selecciones de Senegal y Uzbekistán, unidos a la no admisión en Estados Unidos de un árbitro somalí –Somalia es uno de los países en la lista negra de USA–, distorsiona la imagen feliz que siempre quiere trasladar la FIFA de todos los campeonatos. El Mundial con más participación de la historia debía ser sinónimo de aceptación, de mezcla de colores, culturas y razas. Pero no. Los emocionantes vídeos de promoción del torneo con hombres y mujeres, niños y niñas alrededor de la pelota, rompiendo barreras, saltando muros, acabando con los malos a partir del juego en un canto mundial a la humanindad son mentira. Aunque esto ya lo sabíamos.
La FIFA, que sanciona con dureza y lanza advertencias severas a los gobiernos cuando detecta injerencias en sus asuntos en las federaciones nacionales de fútbol –los zascas se los llevan los países que andan en la tercera división de la vida–, ha dicho que no puede intervenir en las prescripciones en materia migratoria de Estados Unidos. Es decir, ahora no le chirrían algunas actuaciones y mira hacia otra parte; pero con su postura pusilánime cuestiona su propio acierto –y más cosas– al otorgar la organización de una parte del torneo a un país –Estados Unidos albergará 78 encuentros frente a los 13 de México y los 13 de Canadá– que no es capaz de preservar la dignidad de todos sus participantes.
El Mundial de precios desorbitados de las entradas es para Infantino, presidente de la FIFA, “la Copa del Mundo más incluyente, la más representativa, el evento más grande de la humanidad”. Del árbitro somalí rechazado en el aeropuerto de Miami considera que “fue desafortunado lo que pasó“. Los aficionados de cinco países no pueden viajar a Estados Unidos porque están en su listado de malos y tienen prohibida la entrada. Irán dormirá en México aunque tenga partidos en EEUU –Trump llegó a decir que no se podía garantizar su seguridad–. Esto acaba de empezar, pero hay que estar preparados para lo que vamos a ver.
En la porra había que haberle hecho un sitio al equipo de Trump, porque por ahora es el que golea y gana. Es que va a ser mundial.