Hablar de semana horrible la que le viene a Sánchez y a Zapatero en los tribunales no sé si tiene ya valor alguno. El presidente, el propio Gobierno, su familia, el aparato al frente del PSOE y ahora también Zapatero llevan casi toda la Legislatura en la diana política, judicial y mediática. Esa realidad no hace que nada de todo ello sea habitual o irrelevante, es cierto, y el ruido es ya difícil de aguantar, pero al mismo tiempo ha convertido el devenir de la política en una reiterada sucesión de informes, tramas, casos y demás asuntos oscuros por aclarar a los que es cada vez más complicado seguir la trazabilidad y el papel de los personajes implicados.
Los ocho años de Sánchez han sido una sucesión, a veces con tintes histéricos, de un estado de acoso y derribo casi constante en consonancia con los juicios que afrontan también ahora la corrupción de la época de Rajoy. Sánchez lo ha ido sorteando con mayor o menor fortuna, pero los niveles de gravedad van subiendo de grados. Incluso Navarra se ha visto en el epicentro de uno de esos escándalos cuyas réplicas hacen temblar la política en Madrid y aún así, visto desde aquí, resulta insoportable la política que emana de ese estado de confrontación y crisis institucional permanente que llega cada día de Madrid y se expande por todo el Estado.
Zapatero está amortizado y sin él Sánchez, si llega, lo tiene más difícil, aunque la realidad es que Feijóo como alternativa demuestra cada semana una abulia exasperante
La falta del mínimo decoro políticos e institucional es diaria. Todo se banaliza y el debate público se rellena con idioteces. Un ridículo escenario que mezcla lo más trivial, cochambroso, cazallero e inútil con la provocación, la corrupción y la confrontación. Es posible que arroje resultados, pero al mismo tiempo aleja a cada vez más ciudadanos de la vida pública. Las ideas son necesarias, pero ya no son suficientes. En este tiempo extraño que avanza hacia otro cambio social histórico en el mundo es fundamental acudir también a las emociones y a las soluciones como respuesta a los peligrosos discursos políticos que golpean constantemente a los valores y principios democráticos.
Una brecha entre realidad institucional y política y realidad social que está lastrando hacia atrás a la democracia. Quizá la política en Navarra resulte más aburrida, menos estridente casi siempre que cualquier debate en el Congreso o el Senado, pero, incluidos en la balanza errores, desaciertos, meteduras de pata o decisiones difícilmente entendibles para la sociedad, es, sin duda, mucho mejor para los intereses generales de los navarros y navarras y mucho más efectiva a la hora de tratar de afrontar sus problemas y de adoptar soluciones para sus demandas y necesidades.
Mejor aburrirse que esa acción política y mediática que destila cada día odios viejos que anidan y se desarrollan en las profundidades más oscuras de los seres humanos. Zapatero es más que posible que esté amortizado por su papel en el rescate de Plus Ultra y las joyas aparecidas en la caja fuerte de su despacho independientemente de cuál sea el devenir judicial de ambos casos. Y sin él, Sánchez y quienes le pueden aún apoyar lo tienen más difícil. Y Núñez Feijóo como alternativa solo demuestra cada semana una abulia exasperante.