Las ausencias al trabajo por enfermedad se han incrementado en casi un 80% en la última década y se han convertido, solo por ello, en un motivo de preocupación para las empresas y para las Administraciones. Tanto por las consecuencias que tienen en la competitividad y la organización diaria del trabajo en un tejido que sigue dominado por las compañías de pequeño y mediano tamaño, como por el coste que esto supone para la Seguridad Social, cuya cuenta de gastos e ingresos se encuentra ya lo suficientemente tensionada por el envejecimiento de la población y la insuficiencia de las cotizaciones.
Pero, más allá de exponer lo que esta verdadera epidemia supone, conviene analizar con detenimiento sus causas y evitar también las simplificaciones groseras, como la exhibida por el presidente de la patronal de Castilla-La Mancha, que calificó de “memos” a los jóvenes, a quienes “se da la baja cuando les deja la novia”. Una actitud que, si bien no es general, denota una visión que posee sus adeptos y que carga toda la responsabilidad del problema sobre los hombros de los asalariados.
Nada más lejos de la realidad. El asunto tiene múltiples causas y no conviene olvidar ninguna. La pandemia de 2020-2021 incrementó la preocupación general de las personas por su salud, que demandan un mayor número de consultas médicas y que se encuentran con sistemas sanitarios saturados. Si tardan en recibir una cita, el periodo de baja se alarga, aumentando el coste para las empresas. Tras la crisis sanitaria han aumentado asimismo las infecciones respiratorias, los síntomas inespecíficos —fatiga, ansiedad o covid persistente— y con ello el uso de la baja como reposo preventivo.
El envejecimiento progresivo de la población trabajadora –nunca hubo tanta gente empleada de más de 50 años como ahora– alarga también los periodos de convalecencia de las bajas, que crecen en todo caso más entre los más jóvenes. La salud mental es un verdadero problema entre los menores de 35 años, uno de los colectivos quizá más desmotivado ante el deterioro de los salarios y las expectativas. Muchos factores, por tanto, como para ofrecer respuestas simples. Y un enorme reto por delante para quien tiene la obligación de solucionarlo.