La inflación interanual de Estados Unidos escaló hasta el 4,2% en mayo de 2026, alcanzando su cota más elevada en tres años, impulsada de forma directa por el encarecimiento de los combustibles. Este repunte, certificado oficialmente por el Departamento de Trabajo, coincide con la escalada de las hostilidades con Irán y el consiguiente bloqueo en el estrecho de Ormuz, eventos que han desencadenado un severo choque de oferta en los mercados energéticos globales.

El impacto de esta crisis golpea directamente el poder adquisitivo de los hogares estadounidenses, cuyo coste de la vida avanza notablemente por encima del crecimiento de los salarios reales, lo que debilita el consumo interno. Esta situación se encuadra en un marco de desaceleración de la actividad económica estadounidense.

Los registros confirman que en el primer trimestre de la presidencia de Trump, el Producto Interior Bruto (PIB) se contrajo un 0,3% en términos anualizados. Esta caída, que constituyó el primer dato trimestral negativo en tres años, estuvo influenciada por la acumulación preventiva de importaciones ante la expectativa de aranceles. La ralentización económica se consolidó a lo largo de 2025, ejercicio en el que el PIB estadounidense creció un 2,2%, frente al 2,8% registrado en 2024.

Este freno en la actividad productiva se ha agudizado en 2026, reflejándose de forma crítica en el mercado laboral con la pérdida neta de 92.000 puestos de trabajo en febrero de este año. Los desequilibrios actuales heredan la inestabilidad fiscal a la que también contribuyó el primer mandato de Trump (2017-2021). Durante dicho período, la deuda nacional se incrementó en casi 7,8 billones de dólares hasta los 27,75 billones de dólares. En paralelo, el déficit comercial de bienes marcó un récord histórico en 2020 al ascender a 915.800 millones de dólares, evidenciando debilidades estructurales previas en el mercado interior.

Mientras los presupuestos familiares experimentan tensiones, el contexto geopolítico ha impulsado de forma asimétrica los beneficios de sectores específicos. Corporaciones del ámbito energético (petroleras y gasísticas) e industrias armamentísticas acumulan ganancias extraordinarias al amparo de la escalada militar y los altos precios internacionales del crudo. Este desequilibrio fiscal a largo plazo compromete las bases del crecimiento sostenible.