Periodista de investigación, su nuevo libro, editado por Akal, es una diatriba contra Juan Carlos I, al que el relato oficial pretendió enarbolar como ejemplo y garantía democrática. El autor ha trabajado en desmontar su reinado, analizando desde el 23-F hasta la fortuna del hoy rey emérito.

Primera acepción de ‘golfo’ según la RAE: “deshonesto”.

—Es golfo en muchos sentidos. Deshonesto evidentemente, se ha demostrado. Relacionado precisamente con el Golfo Pérsico. Sus amigos que son bastante como él, saudíes, kuwaitíes y emiratíes le permitieron convertirse en un multimillonario. Fue el rey de los golfos, se convirtió en el capo dei capi de una mafia económica en España que ha estado defraudando a los españoles en niveles astronómicos durante todo su reinado. Se ha librado de cualquier rendición de cuentas por el apoyo de la judicatura, los servicios secretos, los gobiernos, la policía y el ejército hasta el último minuto, incluido este en el que estamos hablando. 

¿Su libro es también un recordatorio? Somos de fácil olvidar. 

—Sí, llevo 16 años investigando. Empecé a investigar la fortuna del rey entre otras cosas porque lo esgrimían Villarejo y cómplices como Eugenio Pino, como chantaje a la corona. No solo con las grabaciones de Bárbara Rey y compañía, sino sobre todo lo de la cuenta Soleado, muchísimo más grave. Lo de las amantes era cierto, y además en ocasiones bastante escabroso, y aparece en el libro, pero aun así no era más que una cortina de humo de lo realmente grave: cómo consiguió su fortuna, una traición a todo el pueblo español , al Estado y al Gobierno, porque convirtió a la Zarzuela en un centro de blanqueo de dinero negro, de evasión de capitales y divisas, y de defraudación a la Hacienda pública de prácticamente toda la élite multimillonaria española. 

“El franquista que se vendió a EEUU”, dice en el primer capítulo.

—Su obsesión desde pequeñito era ser rey de España y forrarse. Él podría hacer buena aquella frase de un político del PP: ‘me metí en política para forrarme’. Él se subió al trono para ello. Y se aseguró de que le hacían rey, cosa que no estaba tan segura; si el pueblo español hubiera podido votar no lo habría hecho por monarquía.

Y EEUU fue el país al que agarrarse.

—Él empezó la traición convirtiéndose en confidente de Kissinger, con el que tuvo una amistad, a través del embajador de EEUU en Madrid. Contó todos los planes para aceptar la Marcha Verde como excusa para abandonar al pueblo saharaui a su suerte y que EEUU le ayudara en su ascenso al trono y para seguir enriqueciéndose cuando ya era rey. 

Habla de “una fortuna fraguada con la venta de armas” y del ‘oro negro’. ¿Siente algún temor al escribir esto?

—En este libro incluyo algunas cosas y verdades demostradas que las tengo atadas y bien atadas pero no al estilo franquista. Cosas auténticas que ningún medio de comunicación en España se ha atrevido a publicar, precisamente porque los abogados que les asesoran les han dicho que eso es muy peligroso, especialmente con una judicatura como la que tenemos, que no hace más que favorecer no solo a los poderosos, sino incluso a la ultraderecha. Claro, he recibido amenazas. Ya en Público publiqué cosas muy comprometidas, y algunos de los que yo señalo con nombres y apellidos en el libro quisieron acallarme. Pero les desafié a una rectificación pública y se negaron a hacerla porque la cosa hubiera acabado muy mal para ellos.

“Su fortuna fue una traición a todo el pueblo español. Su obsesión desde pequeñito era ser rey y forrarse”

Habla también de Sabino Fernández Campo de quien se decía que actuó con resquemor.

—Narro cómo fue despedido de una tarea ímproba que le tocó (fue jefe de la Casa Real), conseguir que el rey no dejara en mal lugar a la monarquía o al Estado español. Y como era general y tenía ascendencia sobre los militares, era el único que podía pararle un poco los pies. También para que dejara de traicionar descarada y abiertamente a la reina con sus amoríos. Fernández Campo filtró a Pedro J. Ramírez la aventura con Marta Gayá. El rey se enteró, lo cuento en detalle, y le despidió de manera artera y desagradable, lo que fue una nueva traición a la reina Sofía.

Critica la reciente desclasificación de documentos del 23-F .

—Ha sido la última gran operación de blanqueo de la corona. ¿Se ha desclasificado todo lo que quedaba en los archivos del CNI y del Gobierno? Yo explico cómo, cuándo y por quién fueron destruidas documentos y todo lo que realmente demostraba la participación (de Juan Carlos I) en el 23-F. Solo se dejaron, como un montaje más de los servicios secretos y de la cúpula policial a la que ya estamos tan acostumbrados, documentos inocuos que lo blanquearan. Lo más grave es que no se ha desclasificado todo. Lo más importante, el sumario completo del juicio sobre el 23-F, que sigue siendo secreto, porque está en poder del Tribunal Supremo, uno de los organismos más ultraderechistas que hay en este país.

¿Cómo observa en esto a Felipe VI?

—Aunque el 23-F no fuera muy consciente de lo que estaba pasando o en cuanto a los amoríos, traiciones e infidelidades de su padre, o cómo iba acumulando una fortuna gigantesca, un fraude astronómico al pueblo español, es evidente que antes de sucederle fue informado ampliamente por los servicios secretos españoles y por la cúpula del ejército por lo menos, de todos los detalles que necesitaba conocer para ejercer como jefe del Estado.

Pero eso es una suposición.

—No, ahí están los movimientos del rey Felipe con su padre, empezando por la renuncia a la herencia, cuando eso no se puede hacer en vida, otra falsificación. Él ha desheredado al padre, porque le ha quitado todas las asignaciones del dinero público español, que ya no necesita, porque tiene una fortuna incalculable. Cuando uno tiene esa impunidad absoluta, una inviolabilidad oficial y la protección de los servicios secretos, el ejército y el ejecutivo, puede hacer absolutamente lo que quiera. Y lo que quiso fue defraudar por miles de millones de euros, como demuestro fehacientemente en el libro.

Juan Carlos supo entenderse o le interesó entenderse con el PSOE.

—Boicoteó a los que impedían sus golferías. A él le daba igual una ideología que otra, lo que quería era enriquecerse. Tenía una auténtica obsesión, y la explico en detalle, con conseguir que le engrosaran su fortuna, porque llevaba un trauma infantil de una monarquía pobre, y porque además se había codeado con las monarquías autoritarias más despilfarradoras y forradas del planeta, también con el rey Hassan II, que eran como hermanos, hasta el punto de que el rey actual le sigue llamando tío. (Juan Carlos) ha sido un mal ejemplo para los políticos.

¿En qué sentido?

—Ha hecho que nuestra clase política sea una de las más descaradamente corruptas que existen en la Europa occidental moderna. Todos los gobiernos han estado inmersos en tramas corruptas, algunas de ellas directamente relacionadas con el rey.

“La desclasificación de documentos del 23-F ha sido la última gran operación de blanqueo de la corona. No se ha desclasificado todo”

Usted considera que vivimos un golpe de Estado “clarísimo”.

—Mediático judicial y sobre todo de las élites económicas. EEUU está ahora orquestándolo con las filtraciones sobre Zapatero, está clarísimo. Lo que le hicieron a Lula en Brasil es calcado a lo que se está intentando cometer ahora. A eso se han dedicado siempre.

Juan Carlos I ha escritos unas memorias...

—Lo incluyo. Lo que llama reconciliación debería llamarse rencor.

La operación ‘post mortem’ debe estar pactadísima...

—Estamos ante un conflicto entre padre e hijo. El hijo está muy enfadado con el padre porque las cosas que hace en ocasiones, según mis fuentes, asesorado por alguna de sus hijas que no tiene conocimiento para asesorar a nadie, solo están perjudicando a la propia corona. Y Felipe desea consolidar esa corona. Y lo está haciendo como siempre lo hacen las casas reales, para que su hija herede el trono, no para que haya un cambio hacia la república. Eso está enfrentando al padre con el hijo de una manera muy grave, que ha hecho que rompan casi relaciones entre ellos. Al rey golfo nunca se le pudo parar los pies en cuanto al descaro y desparpajo con el que estuvo socavando el prestigio del Estado. Pero creo que todavía no hay nada pactado porque están a matar entre uno y otro.