Verano, estío y hastío. Y rebajas, algo así como una época de indolencia y dolce far niente. En la televisión es aún peor. Como la gente desconecta, las audiencias bajan más del 30% y las cadenas se dedican al relleno, reposiciones y subproductos de mercadillo. Si Apple TV estrena ahora un remake de El cabo del miedo, con Javier Bardem, y Steven Spielberg pone en la gran pantalla su nueva película, El día de la revelación, hemos de sospechar, por lógica del marketing audiovisual, que son creaciones menores, de tanga y chiringuito.

Así se entiende la llegada de programas con presentadores jubilados. A Iñaki Gabilondo le dan ocupación en La 2 con un ladrillo monumental, La gran aventura de la lengua española, fuera de todo contenido informativo. Y a Mercedes Milá le han obsequiado un espacio de marchitas entrevistas, Me meto en un jardín, como del siglo pasado. Apenas uno y otra alcanzan el 3% de seguimiento. Cosa distinta es El perro andaluz, que resuena a surrealismo de Buñuel y Dalí, con el que ha debutado en La 1 Manu Sánchez, famoso en Andalucía, desconocido en general. Tiene mucho de desmesura el sevillano, como en todos los corazones reivindicativos y afanes de justicia tardía. Peca de militancia zurda y ruido; pero su éxito es superar a El Hormiguero en el que se retuerce la peor España.

Será un trimestre de bazar. Con Ion Aramendi y su periplo festivo en un formato más viejo que la tos. Y con Paz Padilla y su irrelevante show de fin de semana. Entre tantos productos descongelados nada puede ser tan cutre que Cuatro con Horizonte, a cargo de un perito en ovnis y fantasmas que reúne a periodistas ultras y un psiquiatra facha para hablar de política y en esa orgía homenajear a Trump, su héroe, octogenario. Al borde del delito de lesa televisión.