La atención deportiva recae estos días en el Mundial de Fútbol. 48 selecciones, cientos de jugadores en su mayoría millonarios, miles de aficionados y millones de espectadores en el que pasa por ser, junto con los Juegos Olímpicos, el espectáculo deportivo más carismático del planeta, que en esta edición ha contravenido las normas y la historia centenaria del fútbol para introducir dos pausas innecesarias para hidratación, ya que no está haciendo grandes calores pero, amigo, los anuncios de publicidad en los cortes televisivos son muy golosos.

Nadie nos dice que en el futuro el fútbol no pase a ser un asunto de 6 u 8 partes, paradas por otros motivos cada poco y duraciones eternas como en el fútbol americano o en la NBA. Esto casi siempre ha consistido en lo mismo: pasta, pasta y más pasta.

A miles de kilómetros de allí, lejos de los focos, imagino que bastante ajenos a lo que sucede en los campos de Estados Unidos, Canadá y México, dos alpinistas navarros, la pareja formada por Uxue Murolas e Ignacio Barrio, se encamina hacia el glaciar del Baltoro en Pakistán para intentar encaramarse al Gasherbrum I y/o al Gasherbrum II, dos de los cinco ochomiles ubicados en Pakistán.

No muy lejos anda el K2, al que el martes hizo 40 años que se subieron los memorables Mari Ábrego y Josema Casimiro. En estilo alpino, sin oxígeno artificial, sin sherpas, sin cuerdas fijas. Leyendas totales de esto. Barrio y Murolas, que ya cuentan ambos con varios ochomiles en su haber, pretenden ascender también de la manera más limpia posible para, como dijo aquel otro, ver si sus piernas y sus pulmones están a la altura de la montaña.

El ruido de las gradas del Mundial no llegará a las solitarias y escasas tiendas del campo base de los Gasherbrums, pero la suerte de Murolas y Barrio, sin pretender pasar a la historia del alpinismo, sí que nos inspirará a unos cuantos por aquí y por allá.