Le ocurrió a una de mis cuñadas hace poco más de diez días. Se encontró en la villavesa con una antigua alumna suya, con la que departió animadamente durante varios minutos. Acabaste la carrera. Qué haces ahora. Yo ya jubilada. Sí, con un nieto. Seguían poniéndose al día cuando la mujer que estaba al lado se levanta de su asiento y grita “¡Qué asco! ¡Esto es Navarra!”, antes de desaparecer por la puerta del vehículo ante la estupefacción del resto de lo viajeros.
Mi cuñada y su exalumna hablaban, naturalmente, en euskera. El apartheid práctico que el régimen del Amejoramiento y la legislación posterior consagran para la lengua vasca desde los años 80 del siglo pasado, su premeditada invisibilización y/o extranjerización para buena parte de la población navarra, sigue haciendo posible que energúmenos del estilo de la mujer de la villavesa sientan un insufrible pitido en el oído por el hecho de que dos personas a su lado hablen en el idioma que nació en esta tierra. Chivite tiene razón, el Amejoramiento debería recoger una realidad tan obvia como es que el euskera es lengua propia de Navarra.
Chivite aboga por "euskaldunizar" más la Administración pero sin que el euskera genere "desigualdad de oportunidades"
También resulta positivo que la presidenta admita que la Administración navarra tiene que “euskaldunizarse más”, toda una novedad en la jefa de un partido que ha hecho de esta cuestión casi un anatema. Sin embargo, si no hay cambios legislativos y reglamentarios de por medio, todo eso no son más que palabras vacías. Algo se ha mejorado desde 2015, pero la administración de Chivite sigue practicando el apartheid. Lo hace hasta en detalles que pueden parecer nimios, como que su departamento de Educación prohíba que los profesores euskaldunes puedan dar clases en castellano o inglés. ¿El euskera, lengua propia? Perfecto, que se ponga por escrito, pero a mí lo que me gustaría es que el propio PSN lo sintiera como tal.