Se van aproximando las fechas en las que multitud de personas y colectivos comenzarán a abordarme con el ofrecimiento de participaciones de la famosa lotería de Navidad, deseándome suerte y que les apoye económicamente.

Los argumentos/objetivos son de lo más variado: apoyos a ONG, financiación de partidos o movimientos sociales, la tienda del barrio, el centro de trabajo. ¿Cómo no vas a coger...? ¿Y si toca a quienes te rodean? Considero una mentira y trampa el consabido juego. Además de una importante contradicción.

En primer lugar es una sutil forma que utiliza el Estado para que la ciudadanía pague impuestos, no sólo sin protestar, sino con alegría y posibilidad de brindar con cava. El debate sobre el significado de la recaudación impositiva requiere una reflexión algo más profunda que este alegre pago y esta pequeña aportación puntual.

En segundo lugar promueve la solución indivudual y egoísta de las posibles penurias económicas. Es como si en un naufragio con muchas personas mal flotando entre frías aguas echáramos 5 flotadores. Se salvarían los 5 que alcancen alguno de los ¿premios? ¿Y el resto? Hay que promover que las soluciones a las penurias han de resolverse colectivamente, solidariamente.

En tercer lugar, la lotería nacional y los juegos de azar afines son una invitación al consumismo en su grado máximo. La fiesta del derroche. Cuando lo que debemos promover y predicamos durante todo el año es el consumo responsable. Nos encontramos con esta especie de insulto a la coherencia ideológica y un ataque a una práctica cotidiana, la cual debería ser la guía de nuestro comportamiento.

Invitar a este derroche y también a tapar agujeros es grave. Aquéllos, provocados por un consumo anterior e inducidos por quienes están interesados en atraparnos en su red del endeudamiento permanente al que nos lleva este consumo por encima de nuestras posibilidades nos dice ¡gasta aunque no puedas. Ya nos apañaremos contigo y con tus deudas!

Debemos tender a conseguir que sean cubiertas todas las necesidades de todas las personas. Que vivamos una auténtica justicia en el reparto.

Por último, me gustaría hacer un llamamiento a todos aquellos que en estas fechas oferten lotería. Pensároslo dos veces cuando menos. Si queréis aprovechar la magnanimidad que se da en el solsticio de invierno, pedidnos abiertamente un estipendio, que colaboramos con gusto si así lo creemos, pero, por favor, no ofertéis lotería.

P.D. Quisiera dar una idea para el próximo día de la lotería. Se puede participar de otra forma, cogiendo boletos de Dale la vuelta a la lotería... Si te toca pagas, en el proyecto solidario que el colectivo por el decrecimiento propone.