El otro día tuve el placer de ver en la sala del Pabellón de Mixtos de la Ciudadela de Pamplona la exposición de cuadros de Luis Garrido. Su título, Del Natural ya dice mucho. Las flores, árboles, caminos y campos que conviven entre Tirapu y Añorbe constituyen un silencioso paisaje que el autor lo eleva a obra de arte.
Conforme te adentras en la exposición vas captando que la propuesta es muy sincera, y el color, la luz, las texturas, la composición, surgen sin tensiones de una forma sencilla y natural. Toda la obra alcanza una armonía que se hace casi invisible, pero que embelesa al espectador.
Luis Garrido se presenta al natural, tal y como es, un profundo admirador de la naturaleza, obsesionado por captar su belleza no en el estudio, sino en el campo, de forma directa, en el lugar y en el tiempo en el que se está produciendo. Pero además, Luis sabe descifrar el mensaje casi espiritual que esconde un árbol, una flor o un sendero. Sus cuadros son una invitación a la contemplación silenciosa de una naturaleza frágil, delicada, que sugiere al visitante cierta meditación, una reflexión acerca de la relación que mantenemos con nuestro entorno natural. Del Natural una gran exposición, volveré a pasearme por ella.