Mucho se ha hablado últimamente sobre la tan traída huelga de controladores aéreos, convirtiéndose estos últimos en el saco de golpes por parte de consumidores, indignados por la suspensión de sus vuelos; y responsabilizados e insultados por la clase política, que les hace responsables de la mala gestión aeroportuaria de la que sólo y sólo ellos son los responsables.

El Gobierno del presidente Zapatero contraatacó con un estado de alarma que supuso la militarización de los aeropuertos, lo que da pie a que en cualquier momento un gobierno pueda declarar tal estado porque tal o cual gremio están en huelga, y esto es muy peligroso, puesto que supone la militarización de sectores que se encuentran en lucha por sus derechos, ya que recordemos que los controladores exigen que se cumplan los convenios firmados. Así, cualquier día veremos a soldaditos trabajando en la cadena de montaje de cualquier fábrica porque los trabajadores se niegan a trabajar ejerciendo su legítimo derecho a la huelga.

Privilegiados es la palabra más escuchada durante este dichoso puente, pero escuchada de alguien que cobra cerca de 100.000 euros anuales y un sueldo vitalicio suena a cachondeo.

Privilegiado es aquél que se sienta en un Parlamento a calentar el sillón cobrando 52.000 euros, privilegiado es aquél que aunque su pública gestión sea desastrosa y acarree derroche del erario jamás será encausado por ello mientras piden escarmiento en hoguera pública para los controladores. Privilegiado es aquél que, a pesar de ser responsable de una invasión ilegítima de un tercer país y responsable por tanto de las casi doscientas víctimas que causó el fatídico 11-M, se pasea dando conferencias y cobrando un fabuloso sueldo vitalicio por ser ex presidente. Privilegiado es aquél que a pesar de cobrar los dichosos 52.000 euros por ser parlamentario foral, solamente aparece por allí para hacerse la foto y sonreír al fotógrafo, como aquél que a pesar de haber colaborado con la dictadura fascista del general Francisco Franco y haber sido ministro en bañador, pasea su renqueante estampa a costa de los impuestos que todos pagamos. Privilegiado es también ese campechano señor que fue nombrado por el generalito, y él y toda su familia acarrean unos gastos de 9,5 millones de euros al año a cambio de alegrarnos cada Nochebuena con el mismo discurso ramplón antes de cenar. ¿Privilegiados? Muchos, pero no empecemos por los controladores...