Del nuevo siglo que no ha mucho comenzó, con más pena que gloria, su primera década se nos va, y si analizamos cuanto aconteció, su recuerdo nos dejará mal. Pensemos sólo en lo bueno, aún cuando nos cueste encontrar, pues algo habrá habido más o menos, que nos pueda reconfortar. Tres cambios iban a acontecer, cambiar de siglo, de moneda y de año, y tanto nos hacía temer, que cada uno se decía: ¡a ver cómo me las apaño!

Lo gordo fue la aparición del euro, que no sabían cómo llamarle, y euro le pusieron al fin, y todos en cualquier parte decían que estábamos mejor sin ti, ya que desde que apareció en escena, lo puso todo más caro, y dar con quien le quisiera fue raro. Algunos soñadores decían que a la peseta no olvidarían, y en ocasiones añadían, que si soñar no cuesta nada, y el euro nos está haciendo la puñeta, sería una pasada recuperar otra vez la peseta.

De cualquier tiempo pasado, se suele decir fue mejor, y es que al olvidar lo malo, y quedarnos con lo bueno, nuestro consuelo es mayor. A los pocos meses de estrenar este siglo, algo terrorífico acaeció, siendo quizá la premonición, que la década que nos venía, nos iba a crear confusión. Atentados, estafas y políticos con inusitada ambición, dejarían echa una caca, la economía, con perdón.

Al ser esto cuatro días, aun cuando un tango diga veinte años, la vida pasa volando, sin que nos demos cuenta, y no es más viejo quien más años tiene, sino el que más veces los cuenta. Hagamos votos por un mundo mejor, y si la década que nos viene nos dicen que va a ser peor, digamos que no lo creemos y que nos mientan ¡por favor!, y podamos recuperar esa chispa de la vida, como suele ser la ilusión, pues hasta el peor de los casos tiene puntos a favor, y hemos de buscar y decirlos en nuestra conversación, y así dar descanso a los oídos de tanta lamentación.