La sabia naturaleza nos ha dotado de un organismo capaz de diferenciar lo necesario de lo superficial para nuestra existencia. Sin embargo, ha sido el ingenio humano el artífice de infinidad de instrumentos para deshacernos de la inmundicia que producimos, desde el primer sistema de alcantarillado hacia el 3.000 A.C. en la India, hasta los sanitarios bioquímicos portátiles que vemos en cualquier concentración de masas, pasando por las letrinas romanas donde varios dramas ficticios e históricos fueron trabados, el retrete árabe, el bidé francés al que cantara La Trinca o el Water Closed inglés, más conocido como WC cuya ingrata tarea precisa siempre del socorrido fluir heraclitiano, sea con baldes, chorros o la famosa cisterna de agua que requiere tirar de la cadena para perderla de vista y de olfato.

Es verdad que la contemplación escatológica de nuestras propias deposiciones tiene un inconfesable atractivo del que me ocupé largo y tendido en mi ensayo Memorias de un retrete y otros escritos cochinos cuyo poder hipnótico nos obliga a revisar una vez sí, otra también, el papel higiénico a modo de despedida al dar la descarga, actitud que nos sería de mayor provecho antes de depositar nuestra papeleta en la urna funeraria de la democracia. Por ello, nuestras madres, al tanto del cariño que los niños mostramos por nuestras heces, para evitar que las dejemos ahí de recuerdo, en una fase anal retentiva exteriorizada de la que no habla Freud, no dudan en gritarnos desde cualquier rincón de la casa eso de ¡dale a la descarga!

Mira por donde, ahora que España entera va de culo, que estamos hechos una caca, que el Estado sufre de descomposición, que todo empieza a oler mal?la M de Cultura González Sinde ha querido impedir que demos a la descarga. ¡Ahora! Cuando más necesaria es. Yo cada vez que veo el Telediario y aparecen González Sinde, ZP, Blanco, Pajín, Rajoy, Llamazares, Duran Lleida y resto de democracia orgánica, no apago la tele y abro un libro como hacía Groucho Marx? Yo voy rápido al cagadero y doy la descarga. Claro que algunos preferirían darle a la bomba.