Ahora ya sabemos qué es Europa. Lo ha descubierto y afirmado un burocratilla de la Comunidad Europea, OCDE, de treinta y pocos años por Televisión Española, sin ningún pudor: "España ha establecido la edad de pensión mínima en 67 años". "Pero hay que ir mucho más lejos". TVE lo ha estado repitiendo profusamente para indultar al Gobierno de semejante próxima patada a los trabajadores españoles. Y remachando el clavo simbólicamente, ha insistido sobre la edad real y edad legal.

Nunca la esclavitud ha tenido una legitimidad tan monstruosa, 67, 68, 69, 70 años? No tardará mucho en legislarse la edad obligatoria de la muerte. En la fatigosa vida de los trabajadores manuales, había hasta ahora un posible respiro: los años entre su jubilación y su muerte. Ahora por disposición comunitaria, un jovenzuelo de pura sangre, puro capitalista nos anuncia el deseo de que este lapso de falta de rendimiento se agota. Desde los 18 años -o mucho antes- hasta los 67, éste es el panorama. Nunca el capitalismo había sido tan sincero y tan cínico. Se acabó el placer de los abuelos con sus nietos, se acabó el Imserso, se acabó por fin la tardía luna de miel de viejos, que no ancianos, paseando o jugando a cartas. Éste es el nuevo futuro que preparan los burócratas europeos y que, al parecer, sintoniza perfectamente con el Gobierno español.

Dos años más de cotización a la Seguridad Social. Porque ésta es la razón de la prórroga a 67 años? y más. Y esto es lo que expresa y desea el burocratilla, sacado de alguna estantería de jóvenes bien amaestrados para que hagan de loros locuales y crueles. ¿De verdad cree alguien que, salvadas las excepciones excepcionales, después de los 67 años y más, se puede gozar mayoritariamente de algunos placeres de la vida con alegría? ¿Al que llega a esa edad habiendo vencido la artritis o la pobreza vergonzante, podemos condenarle, de propina, al andamio a 0ºC? Esos dos años? y más son el comunismo estatal más insoportable.

Éste puede ser el nuevo lema de los trabajadores: ¡Viejos del mundo, viejos gloriosos, unámonos, la dignidad humana lo exige!