Imagínese, querido y sufrido lector, uno de los que todavía desliza sus ojos sobre las letras, que le van a cobrar dentro de poco por usar las ruedas, las del coche, las del carrito de la compra, todas... Y luego le harán pagar por leer, no solo esto, sino cualquier escritura.
¡Absurdo! Responderá tal vez enojado quien a esta línea llegó, pero lo ridículo es rey de nuestro mundo, pues el país de todo al revés nos está invadiendo con sus patéticas e invisibles tropas de mentiras y patrañas. Tal vez quieran hacernos pagar por usar la rueda, por la patente a los inventores, como por la escritura a los fenicios, y así con todo. Es Occidente quien enloquece, no yo, todavía no. En Francia han multado a una gran empresa por regalar mapas, para que no se ofendan las pequeñas editoras por desleal competencia. Ni siquiera regalar está ya permitido. El reino del comercio, de los filisteos, está triturando con sus cariadas dentaduras todos los valores. Es Francia quien condena a una gran empresa, Google, por ofrecer gratis los mapas. No le dé usted un beso a su hijo, gratis, claro, cóbreselo; y menos a su mujer, conviértala en prostituta y entonces será legal.
Eso de dar y regalar lo quieren desterrar. Poco importa que la humanidad haya avanzado gracias a la copia, a comunicarse los inventos, a distribuir las maravillas que la mente alcanza, ahora hay que cobrar por todo. El bien común no importa, es la empresa cicatera, mezquina, pretende cobrar por mirar, por pasear, por el aire respirar. Lector querido, qué le parecería si acabase este artículo diciéndole: "Deje de leer esto y págueme o le denunciaré". Cuidadito.