Ruhollah Jomeini llegó al poder en 1979 subido en dos circunstancias que la Revolución Islámica prefiere ignorar. De un lado el activismo de unas clases medias y trabajadoras cuyo estandarte no era la religión sino la justicia. Por otro, el pacto con buena parte del Ejército para imponer un orden rocoso que devolviera la estabilidad. Pese a su larga batallam contra la monarquía, ¿habría logrado aquel clérigo la victoria por sí solo? El 31 de marzo de ese mismo año se consuma el giro dictatorial, amañando un referéndum que los integristas ganan con el 99,9% de los votos. A partir de ahí se reanudan las persecuciones, los encarcelamientos masivos, la imposición de una nueva moral pública? Pero el hecho que lo cambia todo es el estallido de la guerra con Irak en 1980. En aquel tiempo, los ecos de las bombas y de las metralletas fueron el escenario perfecto para exterminar a la disidencia. No se tienen (ni se tendrán) cifras oficiales de las matanzas que se llevaron a cabo en las prisiones del país, pero una cosa quedó bien clara: la oposición había dejado de existir.

Como la libertad forma parte de la naturaleza humana, la primavera ha regresado a las mentes y los corazones del pueblo persa. Laicos y religiosos, jóvenes y maduros, estudiantes y trabajadores, hombres y mujeres han vuelto a las calles para denunciar los abusos de la dictadura. Aunque eclipsados por las revoluciones árabes, no podemos olvidar los disturbios y la represión vividos en las principales ciudades de Irán durante 2009. Muchos siguen presos, otros han muerto o desaparecido, y una generación entera sigue a la expectativa. ¿Qué pasaría si estallase una guerra? ¿Qué ocurriría si el país es atacado militarmente? Mientras prosigue el debate entre presionar o agredir, la disidencia local vuelve a ser olvidada. Esta sería sin lugar a dudas la primera víctima de cualquier iniciativa bélica, pues volvería a presentarse la ocasión ideal para ser físicamente suprimida.

Combatir por las armas al régimen de los ayatolas supondría el sacrificio de un movimiento interior, que puede tardar otros 30 años en resurgir. No hay herramienta de cambio más eficaz que la propia sociedad civil, y por una vez sabemos al cien por cien que combate al integrismo/totalitarismo. Démosles una oportunidad, el futuro de Irán son ellos, no nosotros.