la carta del día

Relicarios y relicarias

08.02.2020 | 20:41

Hoy me gustaría escribir sobre un tema que está en boca de los y las iruindarras durante todo el año, que tanto esperamos, pero que pocas veces nos paramos a pensar ciertamente en lo que son. Sin duda, son los Sanfermines, pero más concretamente hablaremos sobre el propio santo, ya que, supuestamente, Iruñea celebra su dies natalis (martirio en defensa de la fe cristiana) y da gracias a él por su protección a la ciudad. Festejos que se llevan celebrando desde hace muchos siglos, y que la propia historiografía no tiene muy claro cuándo y cómo se iniciaron. Pero insisto, más que a los festejos, esta vez haremos referencia al propio santo, aquel Fermín de Amiens, supuestamente nacido en nuestra ciudad y que fue bautizado en el Pocico de San Cernin, ya que hablaremos de sus relicarios y reliquias existentes, y que han existido pero ya no podemos verlas.

La imagen de San Fermín que todos y todas conocemos, custodiada en la parroquia de San Lorenzo, junto a la llamada plaza de los Ajos, no es ni ha sido la única imagen del santo que se venera o se haya venerado en Pamplona. Ya que hasta el siglo XVI aproximadamente, la procesión de San Fermín partía desde la catedral de Santa María la Real. Es más, allí se encuentra un precioso retablo barroco dedicado al propio santo, en la parte derecha de la girola gótica, junto a la entrada a la Sacristía Mayor. Además del retablo, se encuentra un busto-relicario que alberga un pedazo del cráneo del santo, llegado a Pamplona en el siglo XII, además de un fémur traído desde Amiens a Pamplona en 1941. Hasta hace no mucho, las figuras de santos y santas, y demás imágenes devocionales, no solo salían en sus fiestas mayores, también era costumbre que se portaran en la procesión del Corpus Christi, fiesta mayor por excelencia de la Iglesia católica. Y nuestro querido santo también tuvo su momentico, desgraciadamente, durante una de estas procesiones?

En ocasiones la devoción al santo ha sido excesiva, tal que en el Atlas Histórico Visual de Navarra

(2005) podemos leer la desgraciada historia de un San Fermín que se custodiaba en la Seo. Con la llegada de nuevas reliquias del santo a la ciudad a principios del siglo XVI, los clérigos catedralicios decidieron crear una nueva imagen del santo, a modo de relicario, para poder sacar en procesión las nuevas y las otras reliquias que guardaban. Este hecho creó cierta discrepancia y rivalidad entre los seguidores del San Fermín tradicional (el que hoy en día conocemos, imagen de madera creada a finales del siglo XV) y los del nuevo San Fermín catedralicio. Tal fue así, que el conflicto llegó al enfrentamiento. Se narra que durante la procesión del Corpus de 1527, los canónigos portaban su nueva imagen cuando, al pasar frente a la propia portada de la parroquia de San Lorenzo, los clérigos y seguidores parroquiales que esperaban a la llegada de su enemigo, en cuanto este dio la vuelta a la esquina de la actual calle Mayor, se abalanzaron sobre él, tirándolo al suelo y pisoteando la imagen del santo. Tal fue la victoria de los seguidores del santo morenico, que la propia catedral decidió no crear hasta siglos después un nuevo relicario que, al menos hasta el momento, no se ha procesionado.

Después de aquella indeseada batalla, se le añadió al santo de San Lorenzo una gran peana de plata y oro (la actual), en la cual se guardan las llamadas Auténticas, una gran partida de documentos en los que se dice y, al parecer, se prueba que las reliquias que porta este son las auténticas, frente a las que los canónigos quisieron sacar como suyas. Tiene gracia la cosa que, si analizamos la imagen del San Fermín de San Lorenzo en su totalidad, a proporción, más de la mitad de la imagen es aquel añadido posterior que se le hizo para asegurar que este es el San Fermín de verdad, y no otros. Por lo que podemos decir que aún hoy se sigue afianzando cada 7 de julio que éste es el que hay, y no otros. Y que se vea bien alto, no vaya a querer alguien hacer uno nuevo, ya tendrá que vérselas con aquellos destrozasantos. Eso, o tal vez es que el párroco de San Lorenzo tenía complejo de bajito?

El autor es historiador del arte, músico y compositor