El caso de Ignacio Remírez

10.02.2020 | 01:44

Trabajé 27 años en la Federación Navarra de Fútbol como vice-secretario. 43 años en la secretaría de la Escuela Navarra de Entrenadores, y en el mismo periodo ejercí de secretario del Comité Navarro de Entrenadores. Más de media vida entregado a las tareas del fútbol, ostentando durante 12 temporadas, también en Madrid, como miembro de la Asamblea de la RFEF, siempre atendiendo a todo el que me solicitaba cualquier cosa, dotando a la Federación Navarra de Fútbol de información depurada y exacta gracias a la base de datos que con el tiempo he ido completando.

Testigos de todas partes saben, me conocen, cómo les he atendido en todo momento. Todo el mundo del fútbol, especialmente navarro, puede atestiguar mi disponibilidad personal, telefónica, etcétera. Siempre al servicio de la Federación, y además de todas las escuelas territoriales en mis funciones para la RFEF.

Al que alguna vez en tantos años le haya desatendido lo puede manifestar libremente, no he dejado de estar al pie del cañón a pesar de mi severa incapacidad física, en grado de gran invalidez del 80%, y además, encantado.

El premio a todo este trabajo, una patada en el trasero.

Cuando he pedido lo pactado entre caballeros el 27 de octubre de 2016 en una reunión numerosa en la RFEF, con el señor Villar, el señor Del Amo, el encargado de Formación (señor Alonso), señor Zudaire, la secretaria general, señora Gascón, y otros, se acordó una solución para pasar mi base de datos a la federación mediando un periodo de adaptación hasta febrero de 2017 y una compensación económica justa y razonable. Conforme. Firmé el contrato que me propusieron, pero ellos nunca lo devolvieron firmado. No han cumplido, no contestan a las cartas, solo en una el secretario para decir que de lo dicho no saben nada, que no tienen testimonio alguno. Una jeta impresionante, y en Pamplona la federación, que lo sabe todo perfectamente (el señor Del Amo ostenta el cargo también de vicepresidente de la española) no sabe nada ni quiere saber. La palabra dada no vale un pimiento.

Se saltan todo a la torera, el código ético solamente es de adorno, no lo cumplen ni contestan para nada, una postura recalcitrante y grosera que consiste en no contestar a nada.

Muchos amigos y conocidos de múltiples federaciones, de escuelas, de Las Rozas, incluso del Consejo Superior de Deportes me envían su apoyo y confianza en que la federación debe cumplir lo acordado porque lo que están haciendo conmigo es una barbaridad.

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