la carta del día

'De Profundis'

25.04.2020 | 23:52

Óscar Wilde (1854-1900), escritor que escandalizó en la época victoriana a la puritana sociedad británica, aspiraba a excluir el trabajo de su existencia en tanto admiraba el esplendor del lujo y de los placeres mundanos. Al abandonar las teorías artísticas de John Ruskin (1819-1900), profesor de la Universidad de Oxford que propugnaba una belleza estética que condujese a la bondad, se adentró por los vericuetos del arte por el arte y compuso diferentes obras literarias (poesía, cuento, novela, comedias€) en que parodiaba a la aristocracia inglesa y criticaba su hipocresía, pero que simultáneamente traslucían su deslumbramiento por su modo de vida de ocio ilustrado y filantrópico. En 1885 se declaró en el Reino Unido la homosexualidad como delito. Una década después, a pesar de su éxito literario, Wilde fue condenado por ese motivo a dos años de trabajos forzados. En la cárcel, escribió dos obras literarias: Balada de la cárcel de Reading y De Profundis.

De Profundis le debe su inspiración a un terrible sufrimiento y a una lacerante humillación, un hecho muy frecuente en literatura. Muchos grandes autores han sido seres humanos controvertidos, complejos, problemáticos y paradigmáticos. Verbigracia: Homero, el patriarca de la literatura europea, fue un rapsoda ciego que hizo de la necesidad virtud y suplió su ceguera con una portentosa imaginación fruto de una no menos potente memoria. Que el dolor ha operado una severa metamorfosis en su personalidad se observa nítidamente en esta extensa carta o ensayo. Wilde ha renunciado a su viejo y decadente sueño de instaurar un nuevo hedonismo para recuperar valores como la humildad y la paciencia. En este proceso se verifica de nuevo la mística de San Juan de la Cruz cuando en su Subida al Monte Carmelo afirma que el sufrimiento o bien purga nuestras culpas o bien prueba nuestra paciencia, pero que en todo caso puede servir como medio de purificación interior o cauterización. Lo que resulta evidente es que De Profundis no es la menor de las obras de Óscar Wilde, sino un ensayo de gran valor literario cuya estética continúa el alto nivel formal de sus mejores y más divertidas comedias, pero cuyo contenido alcanza una profundidad digna de un escritor maduro.

En sus páginas, describe una relación infame de sometimiento a un joven y caprichoso aristócrata. Se trata de una confesión de su propia debilidad y pusilanimidad. Sin embargo, tras manifestar un enorme sufrimiento y describir una ignominia inabarcable, Wilde reflexiona positivamente sobre la figura de Jesucristo y encuentra un consuelo enorme al llegar a la conclusión de que, pese a todo, la bondad siempre ha guiado su camino, aunque nos aclara que en su concepto del amor se ha operado una grave y severa transformación. Ya no busca en la transgresión y el placer sensual el sentido de su vida, sino que incluso percibe el dolor como un elemento vital positivo que cobra un valor que la frivolidad de la sociedad opulenta no puede comprender. En este sentido, describe minuciosamente la enorme humillación de haberse tenido que declarar en quiebra para pagar las costas del juicio y los efectos pecuniarios de la terrible sentencia. Pese a todo, su característica prodigalidad continuó en prisión, donde se mostró más que generoso con el resto de los presidiarios hasta el punto de tener que recurrir él mismo después a la caridad de sus amigos. Todo esto lo narra en De Profundis con un estilo elevado, elegante y refinado, representativo de toda su obra literaria. En esta situación, es fácil entender que observar a Cristo crucificado le proporcionase un enorme y grato consuelo, tal vez el único posible. A su salida de prisión, el otrora escritor de gran éxito era un hombre roto, acabado y muy pobre. Un día antes de morir, Óscar Wilde abrazó la fe católica. Su obra literaria sigue siendo leída más de un siglo después con sumo interés y deleite, convertido en clásico de la Historia de la Literatura Universal.

El autor es filólogo