la carta del día

Gernikako Arbola

19.11.2020 | 01:34

Un amplio grupo de músicos han propuesto que el Gernikako Arbola sea elevado a la categoría de himno oficial de Vasconia-Navarra-Euskal Herria. Vendría a llenar el vacío de símbolos y referencias colectivas que representan al conjunto de la nación vasco-navarra.

Es una propuesta justificada. Dentro del cuadro de extravíos, problemas y limitaciones que atañen a nuestra sociedad, esta sugerencia responde a dos déficits que nos desnacionalizan. El de la falta de simbología colectiva, derivado de la ausencia de reconocimiento institucional; y el de la división/dispersión territorial, que desmonta el país en provincias, irurak bat, zazpiak bat, territorios históricos, departamentos, autonomías€

Los firmantes de este escrito vemos con interés y aprecio la propuesta del Gernikako Arbola como himno nacional. Por distintas razones de índole histórica, artística, pragmática, política, sentimental y otras.

Pero, básicamente, la apoyamos porque el Gernikako Arbola es un lugar de memoria de nuestra sociedad. Más allá de la autoría de Iparragirre y su vinculación inicial con el fuerismo, es un canto que reúne todas las familias originarias y las tradiciones de esta tierra.

Los lugares de memoria son lo que son para la población que los respalda porque están cargados de sentido. Son un elemento constructor de la cohesión de las sociedades por el significado que la propia gente les atribuye. No son los hechos que los desencadenaron (aunque participen de la secuencia narrativa, de la historia) quienes los constituyen, ni las piedras derruidas que perduran, ni la altura o el brillo del monumento que los conmemora€

El castillo de Amaiur, por citar un ejemplo, no es un lugar simbólico porque fuera una fortaleza militar, ni por la belleza del paisaje en que se sitúa, ni por el número de baluartes que se dibujan en su planta, ni por los siglos de corrosión que acumule la herrumbre de sus clavos. Tampoco por el tamaño milimetrado del aljibe que descubrimos, ni por las vicisitudes de su ocupación ocasional durante la francesada€ Amaiur es un lugar de memoria porque allí unos navarros que se enfrentaron al ejército imperial español lucharon a muerte por la independencia de su patria. Por no ser españoles. Por seguir siendo independientes. Por resistirse a la conquista y a la violencia de una ocupación que hoy se nos ha convertido en paisaje natural. Este significado es lo que llena de sentido el lugar, el que nos motiva a habitarlo y hacerlo nuestro, parte de nuestro sustrato colectivo.

Con el Gernikako Arbola ocurre lo mismo. Está vinculado a una época, a unas luchas, a una autoría€ Pero la población vasconavarra reconoce el canto como parte de su memoria, como un segmento del pasado que nos trae hasta el presente, y lo vincula a una serie de valores y circunstancias.

Su significado nos remite a las libertades vascas; a un árbol junto al que se discutían fueros, leyes y asuntos comunes; a la lucha de un país contra ejércitos de ocupación (sic), de guiris y peseteros, una revuelta que se levantó una y otra vez, agónica, desesperada, hereditaria. A través de esos elementos, este canto suena también a dignidad nacional, institucional, a identidad compartida. Y, por ir más lejos, la música recuerda al bombardeo de Gernika, pues por esos significados de libertad e identidad nacional la atacaron aquellos aviones enemigos. Incluso por derivación se vincula al cuadro de Picasso, con el que el topónimo comparte el motivo, la denuncia de la barbarie cometida por las potencias contra los pueblos que aspiran a ser libres. Bombardeo y cuadro que pusieron el nombre de nuestro pueblo en el escenario de las causas universales de la Humanidad en primer plano.

Adoptemos el Gernikako Arbola como un elemento de construcción nacional, por encima de divisiones y reticencias, con toda la memoria, los valores y significados que le acompañan.

Firman este escrito: Inaxio Kortabarria, Juan Antonio Urbeltz, Jean-Louis Davant, Xosé Estévez, Beñi Agirre, Humberto Astibia, José Luis Orella Unzué, Antton Soroa, Iñaki Idigoras, Pascual Larunbe, Iñaki Arzak, Elena Berazadi, Ganix Larratxe, Jose Inaxio Indaberea, Xabier Errasti Uriarte, Margarita Nieva Telleria, Jose Mari Blanzako, Gurutz Olaskoaga Sarasola, Xabier Urbeltz, Luis Gereka,Jesus Mari Eizmendi Zialtzeta, Jesús Perez de Viñaspre