De vacunas y otras reses

14.12.2020 | 01:40

Ya salió la anciana, aturdida por las luces que explotaban en las cámaras y un enjambre de micrófonos y televisiones, caminando feliz con sus noventa años por ser la primera en ser oficialmente vacunada en el Reino Unido, feliz por poder abrazar luego a sus hijos y nietos y celebrar la Navidad sin miedos. Después seguiría la fila de venerables ancianos, de médicos y enfermeros. Comienzo de la luz es en este túnel que atravesamos de penurias, miserias y miedos... Detrás nos espera el valle y esperemos que, aunque con brumas a primera hora, resulte soleado más tarde, cuando la mañana se asiente.La Navidad nos nace también, como con el Niño, con la ilusión de que hay esperanza y que ciencia y tecnología, el esfuerzo concentrado de miles de doctores e investigadores, podrán salvarnos –Dios mediante– de esta plaga infecta. Pero también hay temores y dudas, pues ante las continuas mentiras gubernamentales, ante las estafas de nuestros dirigentes, muchos desconfían de la eficacia o bondad de la vacuna. Hemos celebrado la fiesta de la Inmaculada, María, la Madre de Dios, como entona nuestra tradición, mas nosotros estamos cubiertos de manchas y esas máculas cubren la labor de muchos políticos de modo extremo, pero cabe rectificar, si no todo, algo.Dudan muchos que haya inserto en la vacuna algún elemento capaz de hacer mutar nuestra genética en otros aspectos, dudan de su eficacia, dudan de toda esta epidemia, tal vez causada por la fuga de un laboratorio chino. Pero habrá que poner un remedio a tantos males. El gobierno español habla de comenzar ya en enero y veremos si logra organizarse para hacerlo. Lo primero, que el rey, el presidente y sus ministros, si no todos, sí al menos unos cuantos, den ejemplo y vayan a vacunarse, como antiguamente hacían, en primera línea, para entrar en combate. Esto evitará las reticencias de muchos que no se atreven y esperan a ver los efectos colaterales en otros. No confiamos en lo que hablan pero tal vez nos puedan convencer los hechos. Sabemos que mienten, que se alían incluso con el diablo si hace falta, que pasan las líneas rojas marcadas; parecía imposible unirse con sus mayores enemigos para mantener el poder en sus garras. El gobierno se mancha de sangre, mientras es desangrado por sus socios vampiros y todos nos debilitamos en este gran desorden escarlata, comunista, de imposiciones supuestamente igualitarias que no saben respetar diferencias o libertades.No queremos que nos traten como reses, como vacas pacientes que son exprimidas o conducidas al matadero sin consentimiento. Somos tierras de toros bravos y nos rebelamos, corneamos a los lobos que quieren conducirnos y algunos preferimos morir en combate, morir en plenitud de vida, que dejándonos llevar como ganado cuyo beneficio se llevan, con nuestro sacrificio, otros.