la carta del día

No sucumbir a la actualidad

30.03.2021 | 00:23
No sucumbir a la actualidad

La recién estrenada primavera puede alcanzarnos con todo su alarde de frescura, vida y belleza y pillarnos a nosotros en el Google investigando quién es Rocío Carrasco o los últimos datos del covid en Manchuria. La sempiterna gresca política con la última y agresiva intervención del dirigente de turno poco va a afectar nuestro destino, si no es para saturarnos de mediocridad. Seguir la actualidad al milímetro es un ejercicio que nos puede ir vaciando de ilusión, de esperanza en el futuro.

Sucumbir diariamente al mazazo de la dura actualidad nos va modelando. Una cosa es querer estar en el mundo y otra diferente impregnarte de mundo. Nos toca impregnarnos del mundo que está naciendo, no necesariamente del que está muriendo, no del que no tiene recorrido y no es sostenible. La lectura exhaustiva del diario acontecer servido se ha vuelto un ejercicio cuestionable. Hay otra actualidad alternativa de la que no reportan habitualmente los noticieros oficiales y que reclama también su foco. Es más estimulante en términos de progreso colectivo.

Deberemos cuanto menos cuestionar la jerarquía de importancia de las noticias que se nos presentan. Desde las redacciones de los medios, se decide qué acontecer es el más importante, pero seguramente no tiene mayor trascendencia para la humanidad el que prospere o no la moción de censura en Castilla y León. Seguramente podemos seguir viviendo sin conocer quién es Rocío Carrasco y su tóxico novio€, pero conviene que sepamos por qué por ejemplo los campesinos indios llevan muchos meses en sostenida y civilizada lucha.

Lo relevante para unos no lo es necesariamente para otros. La relevancia de una información está relacionada con nuestro enfoque de la vida colectiva y sus avatares. Los profesionales de la información cumplen con su cometido de dar cuenta de lo que conciben como noticiable, pero la idea de noticia está cargada de subjetividad.

Noticia debiera ser aquello cuyo conocimiento nos hace más presentes, no más ausentes. La noticia nos sirve para acompañar al otro y ser un poco más con él o ella, para sentirnos más humanidad en medio de esta hora intensa de desafío evolutivo. El otro no merece caminar solo y abandonado. Ese acompañamiento nos empuja en el desarrollo de la conciencia, nos ayuda a dar las respuestas adecuadas a los grandes interrogantes. Será por lo tanto preciso seleccionar qué información nos resulta útil en ese acompañamiento, cuál nos permite estar mejor ubicados en el aquí y ahora y cuál únicamente responde a mera curiosidad que puede ser incluso poco edificante.

Reciclar el significado, leer la actualidad con los ojos de la esperanza puede ser excusa hasta cierto punto para ese repaso detallado, pero nadie está exento de la posibilidad de sucumbir a ese ejercicio diario. Una vez más necesitamos el punto del medio. En este ejercicio de mantenernos informados buscaremos el centro balanceado, un estar y no estar. Trataremos de observar sin identificarnos; tomar conciencia global de lo que acontece, sin imperiosidad de letra pequeña y análisis exhaustivo.

Digerir gran cantidad de noticias no indica necesariamente que eres un ciudadano que estás mejor informado. La frivolidad, la vulgaridad y el conflicto alcanzan a menudo el titular más fácilmente que la noticia positiva, solidaria, necesaria y esa carga de negatividad va depositándose en nuestro interior. Hay que tener una enorme fe en el humano y en su superior destino para compensarla. Esa fe nos puede habitar, pero no somos inmunes a los efectos que comporta esa diaria digestión de un brebaje diario a menudo con exceso de ponzoña.

Cada mañana el repaso de arriba abajo de los medios nos puede impregnar de un pesimismo, que después hemos de esforzarnos en quitarnos de encima. Reconozco en la adicción a las noticias una droga que por lo menos necesita su descanso. No es que necesitemos ser tratados, sólo necesitamos el antídoto, reparar en otras cabeceras de luz en otros titulares de auténtica primavera que nos equilibren. Esos titulares a menudo no los pueden proporcionar los medios.

Podemos ser más felices sin el ritual de lectura pormenorizada de la actualidad, pero tampoco podemos desentendernos por entero del mundo y del devenir humano. Vinimos con contrato de compromiso, por más que nadie nos exigirá saber de los últimos tránsfugas de determinado color político, ni de los pormenores de la descorazonadora batalla parlamentaria. Acompañar sin apresarnos, sin quebrarnos; mirada aérea sobre la actualidad para ubicarnos, mejor que exhaustivo "zoom" en el que seguramente nos extraviaremos.